Entre el consenso y el disenso

La presentación del barómetro de percepción ciudadana sobre Barcelona ha puesto en evidencia, una vez más, que la ciudad no está bien gobernada. La seguridad se ha convertido en la principal preocupación de los barceloneses, seguida del acceso a la vivienda, ambos notablemente por encima del encaje entre Cataluña y España. Pero, aun siendo problemas objetivamente indiscutibles, lo que el barómetro señala como políticamente relevante es que el equipo de gobierno no ha sido capaz de resolver algunas propuestas incorporadas en su programa electoral y que cuentan con el apoyo de una amplia mayoría de ciudadanos. El ejemplo que mejor explica esta paradoja es el de la conexión del tranvía que vincule definitivamente la Barcelona que mira al Maresme con la que convive con el Bajo Llobregat.

Si el problema de la seguridad puede ser juzgado como un azar condicionado por la compleja agenda institucional de los cuerpos de seguridad de las distintas administraciones y el de la vivienda, como una política técnicamente compleja, el fracaso del tranvía solo puede analizarse desde la incapacidad para tejer las mínimas alianzas (estables o coyunturales) a las que de manera inevitable se ve abocado un gobierno que gestiona una gran ciudad con solo 11 de 41 concejales.

La ley electoral que rige para los municipios es muy clara y las elecciones no pueden repetirse por falta de acuerdo político. Pactar, es la norma cuando las grandes mayorías son el pasado.

Entrados ya en el año de las municipales, conviene imaginar cómo responderán a este reto cada uno de los partidos aspirantes a ganar y, sobre todo, cuáles serán las condiciones para el acuerdo con otras fuerzas políticas: ¿una apuesta por la radicalidad extrema? ¿La aceptación inexcusable de la independencia catalana? ¿La cerrazón intransigente frente al hecho diferencial catalán? O, quizá, simplemente una incuestionable voluntad de progreso para Barcelona.

El reto que afrontan los votantes no es únicamente encontrar la propuesta que mejor explique sus ideas, sino conocer cuáles serán las condiciones que pondrá cada partido para gobernar de manera estable la ciudad. De eso va hoy la nueva realidad democrática.

Jaume Collboni es presidente del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona

Jaume Collboni

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