Ensalada de calabacín, rúcula, avellanas y aliño de yogur

El calabacín puede llegar a ser la verdura más sosa del universo. Sin embargo, si uno se lo propone, se puede transformar en un ingrediente interesante: crudo aporta textura, frescura y buen color; cocido -según cómo, y siempre que no sea demasiado- tiene un toque dulce, es jugoso y tierno. En esta ensalada de calabacín combinamos sus dos versiones: si te las quieres dar de chef puedes presentársela a tus comensales como “ensalada de calabacín en dos texturas”. Ahí lo dejo.

El punto clave de esta ensalada es cortar el calabacín finito. Así será agradable la mitad cruda, y la otra no llevará tanto tiempo de cocción como para convertirse en un puré. Una mandolina o un pelador son buenas herramientas para conseguir unas láminas de 1 o 2 mm de espesor. Con un cuchillo afilado también es posible, aunque se necesita algo de maña y buen pulso.

La combinación del calabacín con el resto de ingredientes hace de esta ensalada un plato refrescante que apetecerá durante todos los meses -junio, julio, agosto y algo de septiembre- en los que esta cucurbitácea está en su máximo esplendor. Si tienes la suerte de encontrar calabacines amarillos, puedes combinarlos con los verdes y tendrás un plato más colorido aún.

Dificultad

La de no comerse dos kilos.

Ingredientes

Para 4 personas

Preparación

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