Enredo en el banquillo de la selección

No ha habido conflictos deportivos en Las Rozas en estos últimos meses, y eso ya es noticia en la casa de los líos. Toda la polémica salpica ahora a los despachos, con los mil frentes abiertos que tiene Rubiales, y la selección transita por un periodo de paz atípico, sin que ni siquiera importen demasiado los debates de la portería o quién será el «9» cuando llega la hora de la verdad. Queda mucho aún para la Eurocopa y España, aunque cumple, todavía no encandila como antes, siendo además las fases de clasificación procesos de difícil digestión con partidos poco exigentes como el del viernes ante Malta. Puestos a rascar para hablar de algo, la propia Federación se ha buscado un enredo bastante innecesario sobre la continuidad de Robert Moreno, entrenador sin horas de vuelo al que le llegó la oportunidad de su vida por una fatalidad (la enfermedad de la hija de Luis Enrique, ya fallecida, y la posterior renuncia del asturiano). Era la apuesta de Rubiales y de José Francisco Molina, director deportivo, ya que entendieron que era la opción continuista de un viaje que empezó justo después del patético Mundial de Rusia. A fin de cuentas, Moreno llevaba una década como ayudante de Luis Enrique, así que los métodos y las ideas serían más o menos similares Consumada la clasificación, surgió la pregunta lógica sobre la renovación de Moreno, pues es tradición en la casa, al menos en la era de Ángel María Villar, que se prolongue el contrato del técnico cuando consigue el billete para el torneo de turno. Evasivas, «hoy no toca» y respuestas vacías para no afrontar un tema que empieza a adquirir tintes de polémica, curiosamente alimentada desde la propia RFEF y por el propio Rubiales. Al presidente, en la zona de mixta, se le preguntó directamente por el tema en dos ocasiones y desperdició la oportunidad de zanjar el asunto con un: «Sí, Moreno será nuestro entrenador en la Eurocopa». Porque ya no es que se cuestione si seguirá más allá del evento del próximo verano, ahora ya hay quien apunta a la opción de que se apueste por otro preparador con más experiencia. «Hay normas que se mantienen y otras que no. Hay un departamento que lo lidera Molina y él cuando termine la clasificación me contará, hablaremos y veremos qué se hace, si es que hay que hacer algo. Nos queda un partido y después tenemos mucho tiempo para pensar», argumentó el presidente. Por cierto, Rubiales renovó a Julen Lopetegui nada más llegar al cargo, un premio precisamente por su buen papel en la fase de clasificación para el dichoso Mundial de Rusia. «Yo respaldo totalmente a Molina y sus ideas son las de la Federación. Nos queda un partido y después tenemos mucho tiempo para pensar, para reflexionar y ahí actuaremos y veremos lo que hacemos», justificó en segunda instancia. Lío innecesario Ya este periódico, en octubre, planteó el asunto y desde la Federación explicaron que no había tema, que el seleccionador es Robert Moreno y que así será hasta nueva orden. También ahora argumentan que no hay polémica, pero lo cierto es que se monta un follón innecesario a partir de las palabras de Rubiales y esa escapatoria cuando bastaba con un «sí». Mientras, Moreno, al que no le gusta nada este conflicto, se resigna y empieza a entender en primera persona cómo funciona el negocio. «Si alguien no quiere que esté en la Eurocopa será que no estoy haciendo bien mi trabajo», expuso en Cádiz. Hoy, en la previa del duelo contra Rumanía en el Wanda, comparecerá ante los medios y se le preguntará al respecto, siendo su respuesta previsible. No depende de él, claro, pero tampoco le ratifican los que deben hacerlo, así que es lógico que se hable del asunto. Con perspectiva por lo que pueda pasar, en los despachos de Las Rozas suenan los nombres de Marcelino García Toral, el de Ernesto Valverde (aún en el Barça, pero dan por hecho que será su último curso en el Camp Nou) y el de Luis Enrique, siempre y cuando el asturiano opte por regresar a los banquillos.

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