«Endesa no tiene voluntad real de buscar alternativas»

Alberga la inquietud de quien se sabe ante un cambio inminente e irremediable, de resultado incierto. Su concello, As Pontes, está en la encrucijada que decidirá su futuro. Primero cerró su mina, ahora la central térmica parece seguir idéntico camino. Su alcalde da la batalla política sin importarle el color político de sus interlocutores.

¿Teme por su pueblo?

No, temo porque va a ser un pueblo distinto, porque de su mentalidad industrial de los últimos 60 años nació un espíritu muy dinámico, muy creativo, con empresarios arraigados al territorio, que tienen mucha presencia en sectores nacionales e internacionales. Pero las circunstancias en las que estamos, temo por la nueva forma de vida que se exige, que significa hacer grandes sacrificios.

¿Sospechaban que esta decisión de Endesa podía producirse de una manera tan inminente?

No, no, bajo ningún concepto. Las empresas cuando invierten cantidades tan significativas lo hacen en un marco de seguridad jurídica y con el objetivo de amortizar esa inversión. Cualquier alteración de plazos de amortización es inesperado, pero cuando es tan brutal que ni siquiera llega a amortizarse, nadie lo espera.

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¿Qué ha pasado para que la empresa ni siquiera se plantee la amortización de esa inversión millonaria?

Las políticas medioambientalistas de la UE se están llevando a cabo de manera muy abrupta. Si la emergencia climática requiere de decisiones tan abruptas, deberían protagonizarla los grandes emisores del mundo, llámense China, India, Rusia o Estados Unidos. Ninguno se implica. Y el liderazgo de la UE es más en el ámbito filosófico y en la demostración de que somos la vieja Europa, que en el ámbito práctico. En esa carrera sin cabeza que la UE está implementando es donde nos encontramos con un mecanismo en el que cualquier entidad especuladora del mundo, aunque nada tenga que ver con la generación de energía, puede comprar derechos de emisión de CO2, atesorarlos y esperar a 2021, que creo que será el año del crack definitivo de la industria europea. Ha pasado que la UE ha acelerado sin su control el cierre de las centrales de carbón.

¿Hay esperanza?

Hay otro tipo de esperanza. Sinceramente, el funcionamiento de la central como venía haciéndose es imposible. Nadie va a modificar el mercado de CO2 de la UE para que la central de As Pontes, que es un caso único junto a Carboneras, puedan funcionar. Hay otras térmicas adaptadas a las directivas europeas de emisiones, pero usan carbón nacional y no importado, por lo que los costes son mucho menores. Tienen esa ventaja y pueden aguantar la subida del precio del CO2. Aquí la materia prima cuesta más y no hay ese margen para reducir costes. Hay otros escenarios que se están explorando, de hibridación de combustible y reduciendo la presencia de carbón, para mantener el funcionamiento de la central en una parte bastante menor que hoy tenemos.

¿Es realista pensar que la biomasa o los lodos de depuradora, mezclados con carbón, pueden mantener la producción de 1.400 megavatios que hoy tiene As Pontes?

Los 1.400 creo que no. El objetivo es intentar que allí se siga generando energía en la proporción que se pueda. Somos conscientes de que mantener toda la producción es una ilusión muy difícil de cumplir, pero entendemos que la viabilidad para seguir generando energía existe. Y exige implicación de todas las partes: del Ministerio, por las ayudas que pueda dar a la empresa para reconvertirse; de la Xunta, que tiene que aportar la facilidad de gestión del residuo; y de la empresa, que debe tener la idea del compromiso con este proceso.

¿Y Endesa tiene voluntad real de explorar alternativas?

Creo que voluntad real, muy poca. Soy el primero que reconoce y agradece el esfuerzo de Endesa por haber decidido hacer una inversión de 200 millones. Naturgy, que decidió no hacerla en Meirama, está riéndose desde Barcelona por esa decisión. Ahora mismo para Endesa es mucho más apetitoso deshacerse de las emisiones y centrarse en su plan eólico. El emplazamiento de As Pontes vale para aprovechar esos 1.452 megavatios, que quedarán libres a disposición en principio de Endesa, y llevar su plan eólico a ese nudo, conectado a su propia red de alta tensión que nadie tiene.

Estuvo en la Comisión Europea para trasladar este problema. ¿Qué respuestas obtuvo?

Que el sistema era así, que lo que se buscaba era el cierre de las térmicas. Reconocían que era un desorden y que para eso iban a habilitar un fondo de descarbonización para el que podrían optar en principio las regiones mineras y estaban valorando también la incorporación de los territorios donde había térmicas. Para cualquier proceso de supervivencia del pueblo y de la comarca, y para espantar ese temor por el que me preguntaba, necesitamos recursos que soporten nuestras iniciativas de reactivación industrial.

¿Ha sentado bien en su partido su foto con el presidente de la Xunta en defensa de la central?

Es una foto que cualquiera entiende. Yo soy socialista, pero en este conflicto soy el alcalde de As Pontes. Mi obligación es utilizar todos los recursos y llamar a todas las puertas que sean necesarias para lograr la supervivencia industrial de mi pueblo. Feijóo es el presidente de mi gobierno autonómico, tiene toda la legitimidad para ponerse al frente de este conflicto, es su obligación hacerlo y de forma coordinada con el resto de administraciones

¿Qué margen real tiene el Ministerio para instar a un nuevo escenario que contemple la continuidad de la central?

El margen no es mucho, a diferencia de otras épocas. La posibilidad de implementar pagos por capacidad, por disponibilidad, la Comisión los limita a tecnologías que no emitan CO2. Donde sí tiene margen es en la negociación con la propia empresa, que tiene intereses en el sector. El emplazamiento de As Pontes genera interés. En ese escenario el Ministerio debe buscar la complicidad de Endesa.

¿Ha echado de menos un pronunciamiento más claro de su partido?

No, sinceramente, más que pronunciamientos estamos en un momento de hechos. Ahora necesitamos realidades. La ministra ha reaccionado rápido convocándonos, pero estamos todavía en la fase de palabras y necesitamos compromisos reales. Con el ministro Nadal ya había este conflicto y el anterior gobierno no hizo nada para planificar este escenario, aunque ese ministro defendía las térmicas. Hoy el Gobierno está de acuerdo con el cierre de las centrales, es su bandera, pero también tiene una responsabilidad mayor de demostrar que eso es compatible con una transición justa.

Esa bandera no es la suya…

No, mi bandera es hacer las cosas con sentido común. A nadie se le ocurre que la tecnología que prime en el país dentro de quince años sea el carbón. Si le llamamos transición es por algo. Esto que están haciendo no es transición, es un cierre abrupto que nadie defiende ni entiende, más allá de los ecologistas recalcitrantes. El ecologista medio y razonable quiere que se actúe contra el cambio climático, pero desde la razón.

Vino Sánchez a Vigo a decir que él estaba pensando en As Pontes y que nadie quedaría atrás. ¿Sabe descifrar estos mensajes del presidente?

Es una línea filosófica que compartimos todos, igual que el no matarás o el darás de comer al hambriento. Pero el plazo es muy corto. No basta solo con principios filosóficos. Hay que pasar de las palabras a los hechos. Me consta que quiere hacerse, pero debemos de verlo encima de la mesa.

As Pontes se reinventó tras el cierre de la mina. ¿Puede hacerlo ahora?

Con apoyo público, sí. Y me consta que lo va haber.

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