Elecciones generales: Teruel se resiste a morir de éxito | España

Manuel Moya, Almudena Pueyo y Sonia Sanz vivieron el domingo la noche electoral más surrealista que recuerdan. Enfadados con el éxito de la ultraderecha en las generales, estos tres jóvenes madrileños no podían creer lo que presenciaron cuando se fueron a tomar una copa en la víspera de su actuación en el teatro Marín de la capital turolense, el motivo de su visita a la ciudad. Mientras contaban en el móvil cada nuevo escaño de Vox, todo el bar celebraba que la plataforma ¡Teruel Existe! había entrado en el Congreso. A Sanz se le escapó una pequeña sonrisa al recordar a su abuelo. “Él era de aquí y siempre he tardado cuatro horas en llegar desde Madrid. Espero que cuando vuelva la próxima vez ya no sea así”, confiesa esperanzada.

Pero el optimismo de los foráneos contrasta con el escepticismo de muchos turolenses, agotados tras décadas de promesas incumplidas. El diputado y los dos senadores que representarán a la nueva formación no escapan a esa desconfianza. “Todos los políticos son iguales, con ellos pasará lo que pasa siempre”, se lamenta Hilario Marqués, de 76 años, mientras fuma el cigarro que acompaña al vermú en una terraza del centro.

La resaca de la primera victoria electoral de ¡Teruel Existe! (un 26,8% de los votos, por delante de PP y PSOE) es más parecida a un lunes cualquiera que al de una ciudad de celebración. Teruel ha ganado una voz en Madrid, pero no quiere morir de éxito. Mientras se acomoda en una silla de plástico, Tomás Guitarte, el arquitecto de 58 años que ha encabezado la lista, explica el recelo con un ejemplo muy recurrente en la urbe: “Nos han prometido tantas cosas que el turolense es como un gato escaldado: huye del agua caliente [los partidos tradicionales] cuando se ha quemado, pero también del agua fría [las nuevas formaciones]”.

Una plataforma sin definición ideológica

El ya diputado electo atiende en el improvisado cuartel general de la formación, un modesto local alquilado a un gimnasio de las afueras en el que destaca una pizarra con un mensaje motivador escrito por su hija: “Ánimo, ¡Teruel Existe!”. La campaña de la plataforma, que nació en 1999 como movimiento ciudadano y decidió presentarse por primera vez a las elecciones del pasado domingo como una agrupación de electores, ha sido posible gracias a más de 30 voluntarios. Jesús Sangüesa, un programador informático de 41 años, decidió implicarse el pasado verano para que sus hijas “tengan futuro”, confiesa bajo un vendaval de aire frío a las puertas de la sede.

A diferencia de muchos otros turolenses, Sangüesa se muestra optimista: “El nuestro es un programa ambicioso, pero nos van a hacer caso. No solo a nosotros, sino a toda la España interior”. La plataforma no se define ideológicamente, pero incluye entre sus reivindicaciones la construcción de infraestructuras pendientes desde hace décadas —Teruel es la única capital de provincia que no se conecta con Madrid por autovía— además de un pacto de Estado por el equilibrio territorial.

Mientras comienza a chispear, tres ejecutivos apuran el paso para llegar a comer a tiempo y comentan el resultado electoral con una frase elocuente: “Está bien, aunque solo sea para salir en la tele”. Tras dos décadas de reivindicaciones con escaso resultado, la repercusión mediática de la candidatura ha situado a la provincia en el mapa. Ahora, Guitarte espera que el escaño conseguido pueda poner sus reivindicaciones en la agenda, aunque sea a costa de irse a dormir a las cuatro de mañana y comer una hamburguesa a toda prisa antes de atender a los periodistas.

Hartazgo y desconocimiento

“Cuando acepté ya sabía que esto suponía un sacrificio”, confiesa el diputado electo con una entereza apenas alterada por la paliza de las últimas 24 horas. Sin embargo, otros turolenses empiezan a estar hartos de tanta atención en una localidad de solo 35.000 habitantes, y ya se refieren a ¡Teruel Existe! como “el tema de moda”.

Pese a haber arrasado en la ciudad con el 42% de los votos, no todos conocen a la agrupación de electores. En un bar del centro, Mari Cruz, una madrileña que vive en la urbe desde hace dos años, apura un café mientras sus amigas, dos guardias civiles asturianas que prefieren no dar sus nombres, se toman sendas copas. Ayer mismo se enteraron de que Teruel existía en la política, pero no dudarían en apoyar a Guitarte si estuviesen empadronadas en la ciudad. “Es la única forma de hacernos oír”, aseguran.

Coincide con ellas Sangüesa, quien usa una metáfora que le inspiró el escritor Julio Llamazares para comparar España con una campana: el centro hace sonar, la periferia hace ruido y entre ambos se hace el silencio. A partir de ahora, Teruel repicará en el Congreso para que la voz de la España vacía sea escuchada, al menos, durante la próxima legislatura.

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