El triunfo de la seriedad en la capital de la chirigota | Es LaLiga en EL PAÍS

Al día siguiente de lograr el ascenso a LaLiga Santander con el Cádiz CF, en junio de 2020, Álvaro Cervera se presentó en casa de unos desconocidos. Hacía tiempo que le picaba la curiosidad por conocer a los inquilinos de una vivienda del Puerto de Santa María, al lado de la capital andaluza, en cuya fachada se leía “La lucha no se negocia”. El lema que acuñó como técnico para llevar al club de Segunda B a la élite. Muchas veces, de paso hacia cualquier sitio, se había parado a mirar esa pared blanca desde la distancia. Tan sorprendido estaba del calado de su filosofía entre la afición que le dijo a sus hijos que de lograr la promoción se plantarían delante de la puerta. Una promesa que cumplió, parapetado tras una mascarilla y sin perder de vista los protocolos de seguridad, mientras brotaban lágrimas de sus ojos cuando una familia le explicó que no solo grabaron sus palabras para hacer gala de un cadismo militante, sino también para superar las dificultades que habían tenido que afrontar en la vida.

El entrenador de 55 años quizá fue entonces consciente de que su éxito en el conjunto donde ha logrado dos ascensos ha sido el triunfo de una idea. De haber sido capaz de aglutinar una ciudad, un escudo y un grupo de jugadores en torno a una forma de entender el fútbol que a priori iba a contracorriente. “El Cádiz es alegría, libertad, imaginación, colorido… el recuerdo de El Mágico y las goleadas. Pero mis equipos no son así. Yo parto de que jugar bonito y estar entre los mejores es casi imposible ahora. Para mí, prima el esfuerzo sobre el talento, el orden sobre el espectáculo”, explica Cervera. Pese a que su decisión podía generar cierto descontento, él se mantuvo firme en su propósito de cambiar un tanto la idiosincrasia del club al que llegó en 2016.

En el proceso de convencer a los suyos, cuenta, le ayudó que la frase en la que sintetizó sus convicciones, “La lucha no se negocia”, empezara a circular entre la hinchada impresa en camisetas y se la hiciera suya como grito de guerra. También lo logró con la confianza de una institución que le ha convertido en el único míster de la máxima competición, junto a Diego Pablo Simeone, que ha conseguido encadenar cinco temporadas seguidas en el mismo banquillo tras casi 2.000 días en el cargo. Pero sobre todo, reconoce, lo que generó más adhesión fueron los buenos resultados.

En su etapa en el Cádiz CF, y según datos de Transfermarkt, ha ganado o empatado tres de cada cuatro partidos. Este curso en su debut en LaLiga Santander ha igualado la mejor clasificación histórica de los gaditanos, un duodécimo puesto. Un hito al que cabe sumar dos triunfos para el recuerdo ante FC Barcelona y Real Madrid a base de la fórmula de siempre, la solidez defensiva, que les ha permitido destacar como el equipo de la competición que plantó de media la defensa más cerca de su portería y más juntó sus líneas en el repliegue, el segundo que más despejes realizó, el que tuvo menos posesión y uno de los cinco primeros que más puntos obtuvo por cada gol anotado, de acuerdo con las cifras de Mediacoach, el equipo de análisis de datos y vídeo de LaLiga.

Un plan cuya ejecución pasó de nuevo por contar con gente convencida y comprometida. Para dar el salto a LaLiga Santander, el club no tiró de grandes nombres —de hecho, la mayoría de sus incorporaciones aquel verano fueron novatos en la categoría—, sino que trajo personas que pudieran integrarse en una especie de familia en la que todos van a una, asegura Cervera. “Antes de traer a cualquier jugador, nos aseguramos de que va a encajar en el grupo por su personalidad. La clave del grupo es el compañerismo y la solidaridad”. Una lección que, cree, le hubiera venido bien en sus tiempos de futbolista. Aunque antes de retirarse prematuramente a los 30 años tampoco le fue mal, considerando que llegó a debutar con la selección absoluta y que jugó muchos años en la élite. “Me di cuenta de que con el talento no basta”, cuenta. “Para jugar en mi equipo hay que correr más de lo que yo corrí en mi vida”, aseguró tiempo atrás en una rueda de prensa.

De la mano de este cambio de perspectiva, Cervera logró al fin triunfar en el sitio donde nació su padre y donde en la juventud quiso destacar como torero. Por sus venas corre la sangre gaditana de un progenitor que luego se convirtió en funcionario en la antigua Guinea Española y en Canarias, donde creció el míster que luego tuvo una vida de aquí para allá: primero la mudanza a Cantabria a los 16 años para convertirse en futbolista, luego a Valencia para explotar como un exquisito extremo zurdo a la vez que formaba una familia hasta aterrizar, después de otras destinaciones, en una ciudad y un club que considera “especiales”, “únicos”. Cervera y Cádiz, Cádiz y Cervera constituyen un matrimonio feliz en el que una parte aporta la seriedad, el orden, la disciplina y la severidad y la otra la alegría de vivir, la gracia y la ocurrencia genial.

“He estado en muchos sitios, pero Cádiz es diferente. Primero porque la afición no permite que nadie hable mal de su equipo y lo defiende juegue bien o juegue mal, esté en la categoría que esté. Y a mí también me encaja más este tipo de ciudad porque parece que soy más introvertido, y entonces el lugar te da esa alegría natural que tiene y que a mí quizá me falte”, cuenta el míster. Su último homenaje a esta tierra, revela, son unas clases de guitarra que ha empezado a recibir de un maestro gaditano cuando quiere abstraerse de la competición.

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