El trabajo pendiente

Comparar lo que ocurre hoy con lo que sucedió en el pasado no siempre sirve de mucho, salvo que se tomen las necesarias precauciones y el ejercicio sirva para entender mejor ese presente que se escapa de las manos y que a ratos resulta inabordable. Es frecuente que en tiempos de crisis se quiera observar qué pasó en otras crisis anteriores, qué se hizo para salir del embrollo y el sufrimiento, qué funcionó, qué fracasó. Ahora, cuando se empieza a tener una idea aproximada de la envergadura de la bofetada que la pandemia va a dar a las economías del mundo, hay quienes vuelven los ojos para fijarse en otros periodos marcados por la devastación; por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial. Nada que ver, se dirá, y es verdad: el coronavirus no ha desenfundado arma alguna de su cartuchera, ni ha dictado nada parecido a la Solución Final, ni ha llenado los campos de batalla de riadas y riadas de soldados conducidos al matadero, ni ha empujado a que se dejaran caer las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

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