El «sí, quiero» del heredero de Napoleón

Matrimonio excepcionalmente simbólico: el príncipe Jean-Christophe Napoleón (Saint-Raphaël, 1986), jefe de la Casa imperial de Francia, contrajo matrimonio, este sábado, con la condesa Olympia d’Arco Zinneberg (Munich, 1988), descendiente del último emperador de Austria, en la catedral Saint-Louis-des-Invalides, donde reposan los restos mortales de Napoleón I, una de las figuras más emblemáticas de la historia nacional. La última vez que un «pretendiente» al trono de emperador de Francia contrajo matrimonio en su patria fue en 1949, cuando cuando el príncipe Louis Napoleón, abuelo del príncipe Jean-Christophe, contrajo matrimonio con Alix de Foresta à Linières-Bouton. Setenta años después, monseñor Antoine de Romanet, obispo de los Ejércitos de Francia, presidió la ceremonia religiosa celebrada en la catedral Saint-Louis-des-Invalides, uno de los monumentos nacionales más excepcionalmente simbólicos, indisociable de innumerables celebraciones religiosas de alcance nacional. La esposa lucía varias joyas que pertenecieron a la emperatriz Eugenia de Montijo, granadina de nacimiento, esposa de Napoleón III, herencia de su esposo, descendiente directo. En la ceremonia religiosa estuvieron presentes representantes de varias familias reales y de la aristocracia europea. Contraído matrimonio, la pareja regresará a Londres, donde residen y el jefe de la Casa imperial de Francia trabaja como banquero de negocios. El Brexit no cambiará sus proyectos íntimos ni vida familiar. En su día, Jean-Christophe Napoleón explicó de este modo su posición personal y familiar, ante Francia, su patria: «Siempre estuve y estoy orgulloso de mi apellido. Sin vivir, de ninguna manera, en la ilusión del pasado: deseo ser un hombre de mi tiempo. Y, sobre todo, decidí construirme a mí mismo, desde muy joven: probar mi respeto hacia el apellido familiar a través del trabajo y la responsabilidad. Como muchos jóvenes de mi edad, abandoné mi país porque deseaba descubrir el mundo. Algún día volveré a Francia, para instalarme definitivamente. Me gustaría, entonces, poder ser útil, deseando que Francia esté abierta al mundo y continúe siendo una gran potencia».

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