El sector citrícola español se enfrenta a su temporada más amarga

Los agricultores españoles de cítricos, fundamentalmente naranjas y mandarinas, llevan años luchando en varios frentes. Lo hacen en condiciones de desigualdad frente a productores de terceros países, a muchos intereses de socios comunitarios que reman a contracorriente y contra las decisiones de la Comisión Europea a la hora de establecer acuerdos comerciales y las reglas del juego.

El sector parece no levantar cabeza desde que hace varios meses comenzara la campaña citrícola. Varios acontecimientos negativos han confluido a la vez: una mala climatología con lluvia a destiempo y un otoño poco frío, lo que retrasó el comienzo de la cosecha. Estos factores se tradujeron en una menor producción y bajos calibres. La situación se vio agudizada por las variedades tardías de Sudáfrica y algunos productores del arco mediterráneo como Egipto y Marruecos, que continuaron inundando los mercados españoles sin que las variedades tempranas de mandarinas y satsumas nacionales pudieran posicionarse adecuadamente. Plantaciones de frutales alfombrados de mandarinas han sido desgraciadamente una imagen habitual este año. Los agricultores las tiraban directamente al suelo para no someter al árbol a un esfuerzo baldío.

El director de la Asociación Valenciana de Agricultores AVA-Asaja, Jenaro Aviñó, asegura que se juntaron todos los factores adversos «en una tormenta perfecta», con importantes pérdidas y una caída de los precios respecto a campañas anteriores, por lo que se han solicitado ayudas a la Administración.

Retirada, pero no para todos

En algunos casos se ha procedido a la retirada de cítricos para la industria transformadora y la alimentación animal, pero las organizaciones se quejan de que esta medida es únicamente aplicable a para Organizaciones de Productores (OP) -cooperativas y OP no cooperativas- y no al pequeño productor. Desde AVA-Asaja se calcula que deberían retirarse de la circulación entre 200.000 y 250.000 toneladas de cítricos de pequeño calibre.

En este sentido, la Unió de Llauradors y Ramaders de la Comunidad Valenciana ha cifrado en 130 millones de euros las pérdidas registradas hasta final de 2018. Su secretario general, Carles Peris, estima que a día de hoy superan esa cifra y asegura que los precios han caído en torno al 25% respecto al pasado año.

La Unió ha cifrado en 130 millones de euros las pérdidas registradas hasta final de 2018
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Aviñó, por su parte, indica que el mayor problema ya no son solo las pérdidas de la actual campaña, sino la competencia creciente que está viniendo de países como Sudáfrica, al que las autoridades comunitarias le han favorecido con un acuerdo ventajoso en el que cada año los aranceles que pagan por exportar se reducen progresivamente hasta llegar a 2026, cuando estos desaparecerán. Además, están aumentando exponencialmente sus superficies de cultivo. «Se calcula que en tres o cuatro años producirán en torno a 600.000 toneladas y exportarán el 70%, mayoritariamente a la UE por su mayor poder adquisitivo», asegura.

Respecto a mandarinas y clementinas, el director de AVA-Asaja añade que cuando se firmó en su día el acuerdo con el país sudafricano su producción era poco menos que testimonial, por lo que no se estableció un arancel. En apenas 20 años han pasado a ser unos de los mayores productores y exportadores del mundo.

Estos acuerdos comerciales han perjudicado seriamente a nuestro país por ser el mayor productor comunitario, con una media de 7,5 millones de toneladas, sobre un total de algo menos de 11 millones en toda la UE.

Otro factor importante es la falta de contundencia -denuncian las organizaciones españolas- a la hora de negociar en Bruselas los acuerdos comerciales. Tanto Aviñó como Peris coinciden en que los productores españoles deben cumplir con unas estrictas exigencias fitosanitarias a la hora de exportar y, por el contrario, la Comisión Europea -que negocia la firma de acuerdos- no exige las mismas contrapartidas, sino que lo hace con criterios muy laxos a la hora de controlar los envíos del exterior. «A nuestros productores se les exige el tratamiento en frío a la hora de exportar (mantener el producto entre 15 y 21 días a 1 y 2 grados, respectivamente para evitar plagas) y otros países de fuera de la UE no lo hacen», se lamenta Peris.

Nulo control fronterizo

En algunos Estados miembros de la UE apenas se controla lo que entra por sus fronteras. En el caso de Sudáfrica, tanto Holanda como el Reino Unido, con una relación históricamente muy estrecha con este país, el control de lo que entra por sus puertos es prácticamente nulo.

En las últimas semanas, los citricultores han salido a la calle para denunciar la situación que sufren. Solicitan ayudas directas y urgentes, tanto al Ministerio de Agricultura como a la Comisión Europea, como se hizo en su día cuando Rusia cerró sus fronteras a decenas de productos europeos. La ayuda de retirada es totalmente insuficiente, aseguran desde AVA-Asaja.

En cuanto a abrir nuevos mercados, la Unió reconoce que es muy difícil, ya que se ponen muchos impedimentos. Básicamente el 91% de la exportaciones españolas van a países de la UE.

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