El reportaje en el tiempo de Francisco Ontañón

Interesante, sugestiva exposición en torno a la obra de Francisco Ontañón (Barcelona, 1930-Madrid, 2008), uno de nuestros reporteros gráficos de mayor relieve. Con un montaje muy cuidado, ordenado en secciones, se muestran 220 fotografías, procedentes de su archivo personal y positivadas por él mismo, junto a todos sus fotolibros. Y también un número importante de documentos: revistas con sus ilustraciones, portadas de libros y portadas de discos (en la era del vinilo). Todo ello nos permite apreciar la diversidad temática y de soportes que caracterizó su intensa trayectoria profesional.

Autodidacta, Francisco Ontañón encontró en la fotografía su forma decisiva de estar en el mundo. Como recuerda en el catálogo de la exposición su hija Aurora, «la fotografía le enamoró de tal manera que tuvo que dedicarse a ella en cuerpo y alma. Estábamos en plena dictadura, y en nuestro país todo se aprendía a trompicones».

También ella nos transmite las palabras de su padre, en las que establece que lo decisivo en su formación no fue situarse al margen, sino la relación, desigual pero positiva, con los demás seres humanos: «La fotografía es mi vida -contaba-, y si sé algo de ella no se lo debo a mis estudios, que no los tengo, sino a la gente que he tratado en mis viajes, en mi trabajo. He conocido personas maravillosas, sencillas, de gran categoría, aunque también he tenido que trabajar con soberbios e incultos, sobre todo famosos. Pero de todos ellos se aprende».

La trayectoria profesional de Ontañón tiene sus inicios en su ciudad natal, Barcelona, en la segunda mitad de los años cincuenta. Enseguida pasó a formar parte de algunos de los grupos de fotógrafos más importantes de aquel momento: en 1958, de la Agrupación Fotográfica de Cataluña, y poco después, ya en 1959, de AFAL, la Real Sociedad Fotográfica, y La Palangana. Ámbitos, todos ellos, en los que, utilizando como vehículo la fotografía, se sostenía una actitud crítica frente al conservadurismo de la época.

En 1959 es contratado como reportero gráfico por la agencia Europa Press, por lo que se traslada a Madrid, donde seguirá viviendo hasta el final de sus días. El núcleo de su trabajo fue siempre la foto, pero entendida con una variedad muy plural de registros.

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Desde luego, la captación de la actualidad, en función de los intereses comunicativos de la prensa. Pero, junto a ello, también imágenes de los desniveles sociales en las ciudades, registros y plasmaciones de la vida en las calles. O la atención a la naturaleza y a los animales. Y de ámbitos que caracterizaban la España del tiempo: la caza, los toros, las procesiones, el flamenco. O también el recorrido por los interiores de los museos como espacios de interacción entre los visitantes y las obras de arte. En todos los casos, impresiona la calidad técnica de sus fotos, su intensa atención a los efectos de luz y de contraste, que deslizan ante nuestros ojos el efecto de la vida en movimiento, y no simplemente de la imagen detenida.

Compromiso de vida

Lejos de todo deseo de elitismo, o de cualquier tentación de superioridad, lo que Ontañón buscaba era el compromiso con la vida, la seriedad en el trabajo fotográfico, en paralelo con la seriedad que se exige en otros trabajos humanos. En 1976, escribió: «De la fotografía lo que más me molesta es la frivolidad de la que se la pretende rodear. Me agradaría que mi oficio fuera tan serio como lo puede ser la profesión de médico, carpintero o albañil».

En ese sentido, es también importante destacar la expansión que experimentan sus imágenes en asociación con el diseño gráfico. Tal y como puede apreciarse en las portadas e ilustraciones interiores de revistas como Ama o La Actualidad Española. E igualmente en el caso de las cubiertas de discos, que nos dan una plasmación viva, con un cromatismo intenso, de la música popular en la España de la segunda mitad del siglo XX. Y también en sus colaboraciones en libros de escritores (Miguel Delibes, Alfonso Grosso, Luis Carandell), y con el diseñador Daniel Gil en las excelentes portadas de la colección «El libro de bolsillo», de Alianza Editorial.

En síntesis, la obra de Ontañón nos aporta la memoria viva de los registros fotográficos de la imagen masiva, cuando aún no existían los soportes digitales. Es eso lo que vemos en sus imágenes plurales y abiertas: el despliegue de la técnica fotográfica en el espacio de la representación masiva. En definitiva, un reportaje que dura, a través de su fijación en la memoria visual, a través del tiempo.

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