El quiosco de Valladolid que sigue vendiendo chuches «a pesetas»

Hace ya 18 años que los españoles desterramos las «pesetas» de nuestros bolsillos, pero todavía existen negocios que por nostalgia o más bien, con ánimo de sacar algún rentabilidad mayor a su «empresa», siguen aceptando para pagar la que fue moneda de curso legal en España hasta 2001. Es el caso de una céntrico negocio de dulces vallisoletano, que hace cinco años decidió comenzar a volver a aceptar la moneda «typical spanish», iniciativa que hoy sigue manteniendo y que prevé extender hasta que el 31 de diciembre de 2020 deje de cambiar las clásicas pesetas a euros. Todo comenzó con una noticia de televisión. «Vimos que cada vez había más tiendas en Madrid que aceptaban pesetas porque todavía gente que guardaba muchas». Desde entonces, un cartel cuelga del «La dulce burbuja» -el nombre del establecimiento situado en el céntrico Paseo de Zorrilla vallisoletano- y en él reza: «Aquí puedes pagar con pesetas». Sus regalices, chicles o masticables no cuestan «cinco perras» como antaño -consecuencia del encarecimiento de la vida y de la llegada del euro- pero sí es posible deshacerse de la manera más dulce de aquella vieja moneda que uno encuentra de repente en un bolsillo. El perfil de cliente que acude con pesetas a esta tienda de Valladolid -la única que las acepta ya en toda la ciudad- es «sobre todo, mayor; de 50 para arriba», nos cuenta Marta Arranz, la dueña de este negocio que comenzó hace 25 años, y también «gente de paso, de los pueblos», que les es más cómo terminar gastándoselas que acudir a la sede del Banco de España a cambiarlas, sobre todo, recuerda Marta, porque suelen ser cantidades pequeñas. Aún así, considera que la iniciativa le es rentable: «Perjudicial no es. Mucha gente que a lo mejor no pensaba hacer nada con esas pesetas termina comprando. No es que con ello suban mucho las ventas, pero si tenemos algún beneficio extra, pues mejor». De esta manera, y aunque depende de los meses, «La dulce burbuja» suele sacar una media de unos seis euros al mes -«unas mil pesetas». Cuando Marta Arranz junta una cantidad que cree considerable, más o menos cada cinco meses, ella misma lo lleva a la sede del Banco de España en Valladolid para cambiarlo. Aunque ha tenido rachas con más o menos cambios, el flujo no ha parado, si bien es cierto que «mucha gente nos trae las ‘rubias’ que están ya descatalogadas, así que tuvimos que poner un cartel del Banco de España en la tienda indicando cuáles eran las monedas que servían». Lo cierto es que la iniciativa le ha dado al negocio de Marta Arranz una «publicidad extra». Eso sí, con fecha de caducidad, ya que la segunda oportunidad para la clásica moneda española tiene ya fecha límite definitiva: el 31 de diciembre de 2010. A partir de entonces, el Banco de España realizará el cambio de esos billetes y monedas a euros y al igual que ocurrió con la mencionada «rubia», quedarán relegados a objetos de coleccionismo.

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