El puerto de Melilla, víctima del bloqueo comercial con Marruecos

El endurecimiento de la frontera comercial entre Marruecos y España ha hundido la actividad del puerto de Melilla. Las restricciones a la salida de mercancías impuestas por el Gobierno en mayo del año pasado y la decisión de Rabat de cerrar su oficina de aduana en verano para favorecer el puerto de Nador han condicionado la actividad de una de las terminales más importantes de España. En este contexto, los empresarios de la estiba han mantenido varios encuentros con el Gobierno para pedirle que resuelva una situación que «provoca la pérdida de «cientos de puestos de trabajo».

Los primeros contactos se produjeron en septiembre, cuando la patronal del sector, Anesco, se puso en contacto con la presidenta de Puertos del Estado, María Ornella, para trasladarle su preocupación. El 31 de octubre se produjo un encuentro en el que representantes de la empresa pública garantizaron una serie de actuaciones a la organización de empresarios. Entre ellas, Puertos ha elaborado un informe en el que reconoce el impacto que están teniendo estas «medidas administrativas» en el tráfico de Melilla. Un documento que ha sido trasladado al Ministerio de Fomento.

Además, la compañía pública se ha puesto en contacto con la delegada del Gobierno en Melilla para abordar posibles actuaciones contra este bloqueo comercial. Así se lo ha hecho saber la organización a la patronal, que esta misma semana había remitido una nueva carta a Puertos del Estado preguntándole sobre las iniciativas llevadas a cabo hasta el momento.

Mientras, las cifras evidencian una parálisis cada vez mayor. Entre enero y octubre la terminal movió 149.024 toneladas de mercancías, lo que supone un 38,59% menos que el año pasado. Además, 19.260 contenedores utilizaron el puerto, lo que supone un 39,09% menos respecto al tráfico de los diez primeros meses de 2017.

«Controles arbitrarios»

Los empresarios del sector vaticinan que el descenso se incrementará durante los dos últimos meses del año. Así lo cree el presidente de la patronal de estibadores de Melilla, José Luis Martínez Lázaro, quien considera que «el principal problema» del puerto es la reestructuración de la frontera con Marruecos que puso en marcha el Gobierno a mediados de 2017, que supone limitaciones como la reducción de los horarios de la frontera y la limitación de los bultos que pueden transportar los marroquíes que regresan a su país desde la ciudad autónoma. Según Lázaro, esta medida ha provocado «controles arbitrarios» que están penalizando las ventas y, por extensión, la llegada de nuevas mercancías.

A ello hay que sumar, desde este verano, el cierre de la oficina marroquí de la aduana junto al puerto de Melilla. La medida, articulada para impulsar la actividad del puerto de Nador, fue tomada de forma unilateral por Rabat y impide el paso de los contenedores que llegan al país desde la ciudad autónoma. Esta envía al país vecino aproximadamente el 70% de la mercancía que recibe en su puerto. Lázaro considera que la restricción ha «supuesto un importante perjuicio» para el sector, pero aún así destaca que todavía son más perjudiciales la reestructuración de la frontera impuesta por el Ejecutivo español.

Como fuere, el impacto del bloqueo, según la patronal, empieza a pasar factura a otros sectores. «Los comercios y el transporte de la zona también están registrando pérdidas millonarias», apuntan desde Anesco.

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