El procés ante el procés

Oriol Junqueras será el primero en declarar de los doce encausados en el juicio que comienza hoy en el Supremo. Se espera que dure meses y los magistrados ya están preparados para maratonianas sesiones si las defensas apuestan por técnicas dilatorias.

Juicio al procés, que no parece que vaya a tener fin, oídas las intenciones de Torra contra una sentencia condenatoria. Un procés, que comenzó mucho antes de que el nacionalismo catalán pusiera el foco en la independencia como huida allá por 2012.

Entonces se abrió la caja de Pandora y estallaron los fuegos artificiales guardados durante décadas en la recámara por el régimen de Pujol. En ese tiempo, el nacionalismo apuntó, amenazó y tensó la cuerda. Y las cesiones llegaban en forma de dinero y más dinero. Mientras tanto, la educación y los símbolos se iban moldeando en pos de una Cataluña feliz, que ha desembocado en el juicio que comienza hoy en Madrid.

Había que ir orillando, cuando no eliminando, los aires de España. Cal y arena era la táctica pujolista. Allí el castellano lo fue pagando caro, a la vez que el molt honorable hijo del abuelo Florenci fomentaba y hasta disfrutaba de la Feria de Abril. Sevillanas sí, pero toros no. Ojo. Poquito a poco, fuera las plazas portátiles, fuera los menores de las plazas, un cerco que se consumó en julio de 2010 con la prohibición de las corridas de toros por parte del Parlament. Poco importó que aquella votación no se ajustara a derecho, el procés taurino había llegado a su meta.

Y así con el castellano en las escuelas, con el Ebro que nace en tierras extrañas, con los medios de comunicación públicos…, el procés antes del procés. La corrupción convergente también. CiU dinamitada y un sálvese quien pueda, al que se sumaron ERC y los antitodo de la CUP. Y los referendos ilegales, y la declaración de independencia, y los políticos presos, y el esperpento de Puigdemont, y Cataluña en dos. El castellano, los toros y el procés.

Ángel González Abad

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