El PP vasco denuncia en Bruselas el auge del nacionalismo radical

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El PP vasco pedirá el amparo de Bruselas ante el repunte del nacionalismo radical y el consecuente incremento de los actos de enaltecimiento a miembros de ETA. Hasta la capital belga se desplazará hoy una comitiva popular encabezada por su secretaria general, Amaya Fernández, para presentar en el Parlamento Europeo un informe sobre la «preocupante» deriva extremista de la izquierda independentista y la ineficacia de las autoridades autonómicas para abordar el problema. El diagnóstico de los conservadores es claro: si no se pone freno a los radicales, se corre el riesgo de que la violencia «vuelva a ser protagonista» en las calles.

Ya vinculó recientemente los homenajes a etarras con un posible «rebrote del terrorismo» el delegado del Gobierno en el País Vasco, Jesús Loza, quien advirtió que este fenómeno podría producirse «a medio plazo». En su documento, al que ha tenido acceso ABC, los populares se hacen eco de las palabras del mandatario del PSE e inciden en la «incoherencia» de quienes titubean ante «el mundo radical de la izquierda abertzale».

Bajo este pretexto se dirigirá hoy a Bruselas la secretaria general del PP vasco, que mantendrá una reunión con el eurodiputado popular Javier Zarzalejos para presentarle el informe que posteriormente será expuesto en la Eurocámara ante el resto de grupos políticos. El objetivo de Fernández es que los países comunitarios abran los ojos ante la escalada del radicalismo batasuno en un territorio en el que, según los datos del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), solo en 2018 se celebraron 192 actos de culto al terrorismo, 116 más que en el año anterior.

Héroes y villanos

Porque actos de homenaje hay de muchos tipos, desde recibimientos a exreclusos de ETA hasta pintadas o ventas de camisetas «en memoria» de los criminales. En todos los casos, sostienen en su documento los dirigentes del PP vasco, se genera un imaginario colectivo en el que se distingue entre los «héroes», aquellos que sacrificaron su juventud «para liberar al pueblo vasco»; los «villanos», en referencia a los que impiden su «misión supuestamente legítima»; y las «víctimas» que es necesario salvar y que estarían representadas en el pueblo vasco.

Ese mensaje se acompaña de cuidadas escenografías en las que se presenta al etarra como un «pilar fundamental de la construcción nacional». Los niños también son utilizados en estos esperpentos. Un ejemplo claro es el «pasillo» que se hizo por las calles de Burlada (Navarra) en 2017 en honor a uno de los últimos jefes de explosivos de ETA, Mikel Oroz «Peru», que desfiló con sus dos bebés en brazos. Un año después, once menores dibujaron corazones rojos y una mariposa verde en la pancarta con la que recibieron en Echarri Aranaz a Hodei Ijurko, condenado por quemar vivos a un grupo de policías forales.

Acto de Sortu tras la disolución de ETA en el que se jalearon a varios etarras fallecidos
Acto de Sortu tras la disolución de ETA en el que se jalearon a varios etarras fallecidos – ABC

Tras recorrer el pasillo, los miembros suelen ser obsequiados con la tradicional boina vasca de 16 pulgadas «destinada a coronar a campeones», añaden los populares. Un «trofeo» que lucieron orgullosos terroristas como Kemen Uranga, quien fuera encarcelado por proporcionar pisos francos a ETA. En 2018 posó con la «txapela» Zunbeltz Larrea, que pasaba a los asesinos información sobre concejales de PP y PSOE convertidos en objetivo.

Casos hay cientos, si bien en el informe que el grupo popular presentará a la Eurocámara se hace alusión explícita a 50 de los más sangrantes. Entre ellos, la «cena de Nochebuena para etarras» que tuvo lugar en plena calle el 24 de diciembre del 2018 en Galdácano (Vizcaya), el mismo enclave en el que meses antes Sortu celebró un acto en honor al terrorista Kepa del Hoyo, muerto en la cárcel a causa de un infarto.

El partido soberanista también festejó por todo lo alto un «nuevo ciclo» tras ETA en una ceremonia en la que se jalearon los nombres de los etarras fallecidos. En junio de ese mismo año, decenas de personas homenajearon en Bilbao a Txabi Etxebarrieta, el asesino de la primera víctima de la banda, el guardia civil José Antonio Pardines.

Prevención

«Se constata que si antes era la violencia terrorista de ETA, ahora es la radicalidad y la falta de deslegitimación del terrorismo lo que más aleja al País Vasco de la convivencia», argumentan los conservadores, que añaden que la banda, que ha conseguido «fascinar a miles de jóvenes vascos», ya no aspira a «alcanzar sus objetivos políticos mediante asesinatos», sino convirtiendo su actividad terrorista en algo «honorable y respetado».

Gran parte de la responsabilidad se la atribuyen a un Gobierno vasco que bajo su punto de vista ha «generalizado» el fenómeno de la violencia y no ha dado una «respuesta efectiva» a la radicalización nacionalista, que precisa también de la aplicación de «protocolos educativos» adecuados. «La clave del futuro está en la mejora de las labores preventivas», sentencian los políticos populares.

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