El poder democrático

La democracia ha estado siempre bajo la sospecha de ser incompetente, sobre todo ante situaciones de urgencia y especial gravedad. Demóstenes lamentaba la lentitud de Atenas frente a las amenazas expansionistas de Felipe II de Macedonia. Mientras los atenienses se dedicaban a discutir y votar, nada detenía la campaña militar que les amenazaba. Desde entonces hasta las críticas al parlamentarismo a comienzos del siglo XX, el reproche es siempre el mismo: la discusión de los demócratas es una pérdida de tiempo y solo el liderazgo resolutivo (de los autócratas, pero también el de los técnicos y expertos) puede poner fin a esa pérdida de tiempo y postergación de los problemas que caracterizaría a las democracias.

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