«El planeta inhóspito»: un mundo cuatro grados más caliente

El mar se muere; literalmente, se está asfixiando. Pronto, los Alpes adquirirán un aspecto muy similar al de las cordilleras marroquíes del Atlas, y el Himalaya habrá perdido casi la mitad de su hielo en unas ocho décadas. Son tres de las muchas sentencias luctuosas que perlan este planeta inhóspito; un texto tan inquietante como su primera y lapidaria frase, que también recoge, blanco sobre rosa fosforito, su efectista sobrecubierta: «es peor, mucho peor, de lo que imaginas». Está claro que hemos evitado la discusión durante demasiado tiempo, ya sea por la concepción -convencional hasta hace bien poco- de la emergencia ecológica como un asunto de ciertas izquierdas militantes, ya sea por lo incómodo de asumir un futuro, efectivamente, mucho peor de lo que uno está dispuesto a concebir. Los cambios en el paisaje no vendrán solos, y David Wallace-Wells prácticamente los disecciona en la segunda parte de las cuatro en las que se divide su escrito. Mientras «Cascadas» hace las veces de introducción, en «Los elementos del caos» nos encontramos con una sucesión de jinetes apocalípticos; un recuento de las formas más probables de morir a razón tanto de los desastres naturales como de los que ya no lo serán, aunque vengan provocados por los primeros; páginas abrumadoras tanto por el fondo como por la forma, toda vez que su autor salta nerviosamente de tema en tema, recurre constantemente al recorte de prensa y no escatima ni en cifras, ni en fechas, ni en acrónimos. A continuación, «El caleidoscopio climático» se refiere al arquetipo del fin del mundo, rastreándolo tímidamente a través de la cultura de masas e hilvanando asuntos como el del colapso del capitalismo, la fe tecnocientífica y el fin de la historia, aunque no precisamente en el sentido que Francis Fukuyama imprimió a tal expresión. La parte final de este caleidoscopio, que aborda cierta Ética en el fin de los tiempos, acude a personajes tan estrafalarios como el climatólogo Guy McPherson, y a otros outsiders más o menos integrables en lo que podríamos llamar un ecologismo profundo, y también a un «impulso» que «probablemente inspirará a muchos más grupos de ermitaños medioambientales durante las próximas décadas». Wallace-Wells va aún más lejos, y alerta sobre milenarismos oscuros y peligrosos que podrían nacer del sentir popular: ecofascismo, movimientos radicales de repliegue u otras reacciones al calentamiento -siguiendo su lógica- mucho peores de lo que cabría imaginar. Una última parte-capítulo, «El principio antrópico», recuerda por última vez la mutiplicidad de enfoques con los que mirar el cambio climático -de ahí lo caeleidoscópico- y entreabre una puerta a la esperanza. El planeta inhóspito aparece dos años después de Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la Sexta Extinción (Errata Naturae, 2017), del prolífico Edward O. Wilson, y casi a la vez que ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal (Capitán Swing, 2019), de Héctor Tejero y Emilio Santiago. Además, está apunto de anteceder a un puñado de traducciones que pronto darán tanto que hablar como este número uno, al menos, según la lista del New York Times. Como quiera que sea, no cabe duda de que es un libro que muchos preferirán no leer, y que algún que otro lector preferirá no haber leído.

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