El país que no tiene fronteras | Es LaLiga en EL PAÍS

El fútbol español es como un país sin fronteras. En LaLiga Santander juegan 193 futbolistas extranjeros procedentes de medio centenar de estados, un caso excepcional de diversidad e inclusión. Tanto, que la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas (UNAOC), una institución creada en 2005, por Kofi Annan, antiguo secretario general de la ONU, y con el apoyo de España y Turquía para fomentar el diálogo y la cooperación entre diferentes culturas y civilizaciones, lo utiliza como vehículo para promover estos valores. La Alianza ha firmado este mes con LaLiga un memorando de entendimiento para extender la idea de que se pueden construir puentes “que unan a los pueblos y personas más allá de sus diferencias culturales o religiosas”, según los principios fundacionales del organismo.

Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores del Gobierno de Rodríguez Zapatero que impulsó la UNAOC, es desde 2019 el alto representante de la entidad. Diplomático y futbolero, a lo largo de su carrera, que le ha llevado a sumergirse en zonas conflictivas, ha sido consciente de la importancia del fútbol como herramienta para rebajar tensiones. Poner a rodar un balón bastaba para alcanzar cierto grado de entendimiento. “Por unos minutos, solo interesaba marcar un gol, con juego limpio y con respeto”, dice.

Moratinos considera natural la unión de objetivos de la UNAOC y LaLiga. “Hay que mirar las alineaciones de los grandes equipos para ver que son todas multiculturales. Hay jugadores africanos, asiáticos, americanos, europeos, de Oriente Medio… Todos juegan, todos se entienden y todos disfrutan. ¿Por qué no pueden transmitir esa armonía y esa fraternidad a la sociedad?”, reflexiona.

La diversidad cultural y de civilizaciones que acoge LaLiga y que ha llamado la atención de la UNAOC queda patente en estos cuatro ejemplos, de jugadores que participan junto con otros de LaLiga Santander en la campaña One Humanity, que incluye un vídeo en el que lanzan un mensaje de concienciación para reforzar este acuerdo.

Shinji Okazaki, el delantero japonés de la SD Huesca, se ha estrenado esta temporada en LaLiga Santander, adonde llegó con 34 años. Nació en Takarazuka, una ciudad de más de 220.000 habitantes, en la prefectura de Hyogo, al sur de la isla de Honshu. “De aquí no salen grandes deportistas”, relata el periodista kiotense Ichiro Ozawa, el comentarista de LaLiga en DAZN que lleva tres lustros comentando el fútbol español para sus compatriotas.

Rodeado de montañas, Takarazuka es famosa por su compañía teatral, la Takarazuka Revue, fundada en 1913 por Kobayasi Ichizo, el presidente de una línea de ferrocarriles que quería promocionar la ruta entre Takarazuka y Osaka. La compañía, formada por 400 mujeres jóvenes, que interpretan los papeles femeninos y los masculinos, se convirtió en una de las más exigentes y renombradas del mundo. Miles de adolescentes se presentan a las audiciones todos los años, pero solo 50 obtienen una plaza. En sus comienzos, el entrenamiento en la compañía les servía para prepararse para el matrimonio y la vida familiar. Aún hoy se les exige que sean solteras para actuar allí. Paradójicamente, la interpretación de los roles masculinos comenzó a poner sobre la mesa algunas cuestiones de género que nunca antes habían sido debatidas en ese país. Cada año actúa para más de dos millones y medio de espectadores en sus dos teatros, en Takarazuka y Tokio.

Ozawa cuenta que cuando Okazaki pateó por primera vez un balón ni siquiera existía todavía una liga profesional en su país. “La J.League se fundó en 1993”, detalla. “Su madre, Tomiyo, fue deportista. Jugó al tenis en un buen nivel hasta los 18 años. Pero nunca lo presionó para que terminara siendo un jugador importante. En Japón, cuando los futbolistas empiezan a crecer, sus padres están muy atentos y sueñan con que sean jugadores importantes, pero su madre no”.

Shinji jugaba junto a su hermano en el club de la ciudad, el Takarazuka Junior Football Club. Cuando tenía 15 años, su familia se mudó a Sanda, una ciudad a 30 kilómetros. “Los chicos no querían abandonar su equipo, así que cogían todos los días un tren para entrenar, una hora de ida y otra de vuelta”, cuenta Ozawa, que escribió un libro sobre la vida del jugador. “Nadie pensaba que llegaría a ser un futbolista internacional y que, además, jugaría un Mundial”, revela Ozawa. “Pero su mentalidad es ganadora, nunca se rinde, nunca se queja, siempre se entrena al máximo. Es un trabajador top. Y por eso la gente lo valora muchísimo”.

Ninguno de los cuatro grandes equipos de Guadalajara (México), que en la década de 1960 compitieron al mismo tiempo en la máxima categoría del fútbol local, se identifican con Mezquitán, el barrio del centro de la ciudad donde creció el defensa del RC Celta Néstor Araujo. Las Chivas, el Atlas, el Club Deportivo Oro y los Pericos del Club Deportivo Nacional, todos pasaron por el estadio Jalisco, ubicado a 20 minutos a pie de Mezquitán. En los aledaños del Jalisco, de niño, Araujo revendía entradas con su padre para juntar unos billetes y contribuir a la economía familiar.

Complementaba la tarea ayudando a su madre a vender ropa de segunda mano en el tianguis (mercado, en la lengua autóctona náhuatl), que se celebra los martes en una de las arterias principales de la ciudad, la calzada Federalismo. “Es lo más famoso de Mezquitán”, cuenta Héctor Guerrero, tapatío y periodista fotógrafo con más de 20 años de profesión. Araujo y sus hermanos apenas tenían dinero para comer, según él mismo ha contado en varias entrevistas. Si había suerte, tal vez podían degustar las míticas birrias del restaurante Cocula, un plato a base de carnero, estofado con un caldo de chile, típico de la zona.

Aunque los Araujo sí lo eran, “Mezquitán no es un barrio muy humilde. Es una zona de clase media, típica de la Guadalajara antigua”, agrega Guerrero. El edifico principal es el panteón de Mezquitán, uno de los más grandes de la ciudad. Cruzando la calzada, un bar se hizo famoso, sobre todo, por el cartel que sus dueños colgaron en la puerta y que reza: “Se está mejor aquí que enfrente”.

Araujo encontró el futuro, ese “mejor aquí que enfrente”, en el fútbol. Dejó Guadalajara y se marchó de adolescente a Ciudad de México donde se formó en el Cruz Azul. Se afianzó como jugador profesional en el Santos Laguna y debutó en 2011 con la selección nacional con solo 20 años. Llegó al RC Celta en 2018, como el tercer fichaje más caro de la historia del equipo gallego, a cambio de siete millones de euros.

El defensa argentino de CA Osasuna, Facundo Roncaglia, oriundo de Chajarí (Entre Ríos, Argentina) llegó al RCD Espanyol de Barcelona en 2009 después de haber debutado en uno de los clubes más grandes de su país, Boca Juniors, de Buenos Aires. Chajarí, una ciudad de más de 50.000 habitantes al norte de la provincia de Entre Ríos, cuyas aguas termales son un destino turístico popular para la gente de la zona, es conocida por la producción de cítricos, mandarina y naranja. Los Roncaglia, descendientes de italianos, se dedicaron a ello. La Mesopotamia argentina, donde se encuentra, es la región geográfica con mayor cantidad de especies vegetales y animales del país.

Nicolás Pross, periodista de 24 años de Paraná, la capital entrerriana, ha creado una cuenta de Instagram llamada La Solapa para seguir la actualidad de los jugadores profesionales, hombres y mujeres, nacidos en la provincia. “Todos los años miro a los que suben a los primeros equipos de los clubes para saber si alguno es de acá. Y la gente también me ayuda y me manda nuevos casos”, advierte. “Hace poco descubrí a un chico que estaba jugando en Andorra. Les escribo y se animan a compartir sus historias sin problema”. Según sus cálculos, hay 40 entrerrianos por el mundo dedicándose al fútbol, 17 de ellos en competiciones UEFA.

La Solapa es una duende, protagonista de una leyenda local que sirve de amenaza para que los niños no salgan de casa a hacer travesuras a la hora de la siesta, costumbre sagrada en las ciudades y los pueblos calmos del interior de Argentina. “Si salías te iba a atrapar La Solapa”, cuenta Pross, que todos los años arma un once ideal de futbolistas entrerrianos.

En el Club Atlético Ferrocarril de Chajarí, quien no temía a La Solapa era Facundo Roncaglia, que a la hora de la siesta se la pasaba pateando la pelota. Uno de los expresidentes del club, Darío Scatolaro, que jugó en el Real Murcia y en el Real Oviedo entre 1979 y 1981, asegura que Roncaglia es “el futbolista chajariense de mejor campaña” porque fue el primero en vestir la camiseta de la selección nacional.

Después de jugar durante dos años en el Espanyol, Roncaglia regresó a Argentina para jugar en Estudiantes de la Plata, nuevamente en Boca, donde ganó la Copa Libertadores y luego viajó a Italia para sumarse a la AFC Fiorentina. Tras un breve paso por el Genoa CFC, fichó por el RC Celta en 2016 y vistió también los colores del Valencia CF en 2019. Ahora es el lateral derecho del CA Osasuna.

Hace más de 20 años, en busca de un futuro mejor, los padres del joven futbolista sueco, Alexander Isak, dejaron atrás Eritrea, al noreste de África, uno de los países que menos respetan los derechos humanos, según Humans Right Watch y Naciones Unidas, sometido a la dictadura de Isaías Afewerki desde su independencia en 1993. Suecia es el país europeo que más refugiados eritreos recibe. El fútbol les abrió las puertas a los Isak en Suecia y ayudó a la integración de Alexander, que rápidamente comenzó a triunfar en el AIK, uno de los clubes más importantes del país.

En su lugar natal, Solna, una ciudad de 80.000 habitantes al norte de Estocolmo, Isak jugó en el fútbol base del AIK desde pequeño. Debutó en el primer equipo a los 16 años. A los 17, se convirtió en el jugador más joven en jugar con la selección sueca. Según cuenta en EL PAÍS Jon Rivas, “a Isak le gustan el hip-hop y el rap; también Juego de Tronos y la NBA”. Desde su primer día en la Real Sociedad, a la que llegó en 2019 tras pasar por el Borussia Dortmund, está aprendiendo a hablar en español.

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