El oro de junio

Victoria Carande, poeta extremeña afincada en Luxemburgo, donde trabaja como traductora, tiene por costumbre enviar por correo electrónico todos los viernes un poema a un grupo de conocidos. Normalmente es un soneto, composición poética cuya técnica domina a la perfección, pero a veces es un poema libre. El de hace dos semanas estaba dedicado a un tilo que, al parecer, ha acompañado a la autora en su vagabundeo vital por Europa (“Lo descubrí/ en cuatro hileras, de lado a lado/ del corazón de Europa/ Por allí circulé, joven de nuevo,/ en bicicleta,/ de la vieja Universidad al eterno muro…”) y que la vincula no sólo con su juventud nómada y aventurera, sino también con su infancia extremeña. Por eso acaba su poema al tilo diciendo: “De este a oeste,/ de aquel a aquí, lo arrastro como una cadena,/ la más dulce,/ para que me dé sombra/ Y para que su sombra me dé miel/ y su perfume/ me haga añorar desde cualquier lugar del tiempo/ el oro de junio”.

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