el objeto es el sujeto

Es bien conocido el epitafio de Man Ray: «Despreocupado, pero no indiferente». Resulta difícil encontrar en la Historia del Arte del siglo XX un creador menos indiferente a la pluralidad de lenguajes e ideas que Man Ray, nombre artístico de Emmanuel Radnitzky (1890- 1976).

Lo primero que nos preguntamos ante una nueva exposición suya es: «¿Para qué?». No está demasiado lejos la realizada en el Museo ICO en 2007, u otra el mismo año en la Fundación Carlos de Amberes, también en Madrid. Lo que le da un sello propio a esta nueva, Man Ray. Objetos de ensueño, es el hecho de centrarse, junto a una amplia serie de trabajos fotográficos, en una de sus áreas de creación más seminal: los objetos. La cita plantea así un sugerente viaje, en siete capítulos, a sus sueños, obsesiones y deseos. A destacar el excelente montaje (habitual «marca de la casa»). El suelo ajedrezado provocará más de un onírico mareo.

Foto creativa

«Amigos, retratos y autorretratos» presenta al Man Ray retratista, una de sus facetas más interesantes en el ámbito de la fotografía. Supo además liberarla de su presunta y simplista función reproductora de la realidad, convirtiéndola en instrumento de creación artística. Como retratista consiguió gran reputación en el París de entreguerras sobre todo dentro de la clase artística, reflejando de manera profunda la psicología de los representados. No se pierdan el retrato post mortem de Proust en 1922.

El punto fuerte de la muestra lo constituye la sección «Objetos de ensueño»; o quizás también deberíamos llamarlos objets de mon affection, según el propio Man Ray, dado su aroma autobiográfico y su carácter lúcido, irónico y provocador. Lo cierto es que estos, que entroncan con el espíritu dadá y surrealista, suponen una de sus principales contribuciones al arte del siglo XX. En sus manos y en su imaginación los objetos pierden su sentido funcional y se convierten en poemas visuales, en ensoñaciones de creación simbólica. Aunque prácticamente todos ellos son copias, aún conservan parte de su encanto original.

Dentro de su producción fotográfica, destaca asimismo su vertiente experimental. En este contexto, posiblemente su principal aportación sea el descubrimiento de los rayogramas, imágenes fotográficas realizadas sin cámara. Hacía 1921 empezó a investigar con objetos que colocaba sobre el papel fotosensible, y a los que aplicaba el mismo proceso de revelado que una foto cualquiera.

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La mujer, para Man Ray, como para la mayoría de los surrealistas, suponía un objeto de deseo, cargado de connotaciones eróticas. En su caso, ocupa un espacio privilegiado dentro de su producción y de su vida. «Mujeres y Venus» trata de ello a través de una selección de fotos de sus principales musas (muchas amantes): Lee Miller, Meret Oppenheim, «Ady»… La sensualidad de los cuerpos representados, y la aplicación de otro de sus fortuitos inventos fotográficos -la solarización- son testigos de todo esto. Lástima que, en su mayoría, no sean originales de época.

Las otras tres secciones, si bien no tan capitales en su producción, ejemplifican sus múltiples intereses. «Máquinas poéticas» presenta las fotos con las que documentaba las obras de su amigo y cómplice Duchamp, y su archifamoso retrato-alter ego, Rrose Selavy. La imagen del maniquí tiene sección propia. La última da buena cuenta de un juego, el ajedrez, que tanto fascinaba al Surrealismo, y para el que Man Ray diseñó tableros, piezas e imágenes.

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