«El médico»: épica a la española

No es «El médico» el primer musical de creación cien por cien española que se presenta en nuestros escenarios. Y por experiencias anteriores, e independientemente del éxito alcanzado por alguna de ellas, es lógico acercarse a la adaptación de la novela de Noah Gordon con ciertas reservas. Pero en realidad no hay razón para ello, porque independientemente de que guste o no guste -y sobre ello no hay, ya se sabe, nada escrito-, lo cierto es que los responsables de esta producción que se acaba de estrenar en Madrid han hecho las cosas como es debido; algo que en el mundo del teatro musical español no es tan frecuente. El resultado es un espectáculo de una factura impecable, en el que están cuidados todos los aspectos formales y artísticos, que cuenta una historia que ha atrapado a millones de lectores en su formato narrativo original.

«El médico» es un relato lleno de épica; también lo tiene la creación del espectáculo, que nació como el sueño de un joven compositor onubense, Iván Macías, y que ha contado en su alumbramiento con el padrinazgo del propio Noah Gordon. Su bendición al musical responde, es de suponer, a su satisfacción ante la adaptación. Y es que el libreto de Félix Amador sintetiza la historia del joven londinense que viaja hasta Persia con el deseo de convertirse en un gran médico; su paseo por las tres culturas –cristiana, judía y árabe– motea junto con historias de amor y amistad la epopeya narrada, y los personajes adquieren relieve propio.

Con esa base, Iván Macías ha compuesto una partitura de ecos operísticos, acierto dramático y un inteligente empleo de las melodías recurrentes, y donde lo épico destaca sobre lo lírico. Son especialmente brillantes los concertantes, aunque el contraste entre una voz tan lírica como la del Sha y el resto, emitidas con mayor naturalidad, resulta chocante,

Los productores no han escatimado medios en el montaje, lujosamente vestido por Lorenzo Caprile y con una monumental escenografía de Alfons Flores, que saca partido del escueto y difícil escenario del Nuevo Apolo con un juego de espejos laterales. No está la altura la iluminación, en ocasiones excesivamente corta. En ese contexto José Luis Sixto y Francesc Abós (éste último con coreografías contagiosas) mueven con soltura a los intérpretes. Porque si algo sobresale en este montaje son ellos, los intérpretes, especialmente en el plano vocal. Adrián Salzedo (Rob) tiene gallardía escénica y una luminosa voz de tenor. Sofía Escobar derrocha encanto; Joseán Moreno sirve con entusiasmo a su Barber y Ricardo Truchado le otorga templanza al personaje de Avicena.

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