El lamentable baile con la CUP

Las negociaciones para formar Gobierno en Cataluña tras las elecciones del 14-F arrojan de momento escasos resultados, pero pésimos presagios. En vez de pasos hacia el cambio de ciclo que esa comunidad necesita, toca lamentar síntomas de fosilización en geometrías políticas fracasadas y el protagonismo que Esquerra Republicana y Junts per Catalunya han decidido darle a los antisistema de la CUP para formar Gobierno. Empeñándose en sus posiciones sectarias de no buscar apoyos más allá del soberanismo, no solo condenan a Cataluña a perpetuarse en la política de bloques que ya suficiente daño ha hecho a la convivencia. Lo que están haciendo es situar a un partido que no cree ni en la Constitución ni en el Estatuto de autonomía en el mismo epicentro de las negociaciones. Incluso al margen de la cuestión independentista, resulta arduo encontrar en Europa una región relevante en la que una formación de semejante radicalismo tenga tanta influencia. Este es el signo de los tiempos que sufre Cataluña.

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