El inestable territorio de los más jóvenes

Una muchacha se entera de que está embarazada, un muchacho inicia una relación erótica con su profesora de inglés. Ese tipo de situaciones en épocas tan tempranas, cuando se va dejando la adolescencia atrás y todavía se tienen pocos recursos para medirse con el mundo, son dinamita pura. El escritor boliviano Rodrigo Hasbún se ocupa en su última novela, Los años invisibles, de ese tiempo lleno de inestabilidades, tan frágil, tan decisivo. Igual ahí, durante esa primera juventud y en unos cuantos meses, en la historia de cada persona se orquestan los motivos predominantes, se dibuja la línea, se marcan las pautas que van a influir en la forma con se enfrentará a todo cuanto vendrá después. Años invisibles, pero acaso los más importantes, pues es cuando se graba de manera accidental tu manera de mirar el mundo. Una época tediosa y al mismo tiempo intensa, llena de confusiones, de arrebatos, de ambigüedades que no se consiguen interpretar y de drásticas posiciones. La muchachada se siente de pronto investida de autoridad —yo elijo, yo decido, yo contesto, yo hago, yo pienso—, pero viéndolos con un poco de distancia no son más que unos solemnes mentecatos. Lo cuenta bien la serie We are who we are, de Luca Guadagnino. Es el momento de afirmarse con la máxima contudencia, pero donde el terreno que se pisa se está moviendo, es inestable.

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