El ‘indie’ ya no es lo que era | Cultura

De palabra en boga solo en círculos minoritarios de los noventa a concepto que cierra un telediario. De adjetivo que definía a la música que se movía en los márgenes de la industria a etiqueta plenamente asimilada en un momento de industria musical menguante. Es el indie, una corriente que se ha mantenido en el imaginario musical hasta hacerse popular. ¿Pero hablamos del mismo indie hoy y hace 20 años?, ¿es un estilo musical o una actitud? Opiniones, como los gustos, para todos los colores.

Sebas Alonso es uno de los responsables de Jenesaispop, una web próxima por contenidos a la estética indie, y para él, hastiado del tema, no hay posible debate: «La línea que separa hoy lo que es y lo que no es indie se ha desdibujado por completo y el debate creo que ya solo interesa a los que tenemos más de 30″. Aún con todo, Alonso sí cree que existe una línea de continuidad estética entre las bandas de los noventa y las actuales, “socialmente les veo un valor muy parecido: la inquietud de hacer cosas diferentes”, dice antes de apuntar: «Lo llamativo es que Vetusta Morla, Supersubmarina, Izal, Lori Meyers… todos tienen peores críticas que Los Planetas. Sería la principal diferencia junto con que no beben tanto del indie pop y el indie rock anglosajón o el underground como las de los noventa. Quizá por valerse de un pop-rock más estandarizado es que no tienen buenas críticas».

RockdeLux es la publicación escrita más atenta a los movimientos alternativos y Santi Carrillo, su director editorial, define qué es el indie: “El concepto nace en los ochenta para desmarcarse del mainstream, publicando los discos desde sellos ajenos a la gran industria”. Carrillo precisa que “en su origen no era un estilo de música, sino una opción de cómo presentarla”. Por su parte Nando Cruz, autor de Pequeño Circo, una excelente historia oral tramada por los protagonistas de aquella primera ola (1988-1998), añade que el indie fue estéticamente «una música de guitarra y una mezcla de distorsión y melodía que a mediados de los noventa estaba muy definida”.

En Pequeño Circo, Ana Béjar, del grupo Usura, resume en una frase las ideas de Carrillo y Cruz al afirmar que los indies de entonces eran «personas que se hacían preguntas que Tam Tam Go no podía responder”. Podría añadirse como definitorio de aquel indie de los noventa, fascinado por las murallas de ruido guitarrero de Sonic Youth y la abrasión de Pixies, aunque también por el britpop, la electrónica y el folk alternativo, el uso del inglés y una cierta despreocupación por el éxito que Juan Cervera, director de redacción de RockDeLux, explica también en Pequeño Circo: «Las aspiraciones -del indie- eran: si puedo sacar un disco, salir en Rockdelux y en Spiral -fanzine de la época-, si me ponen la maqueta en Radio 3…con eso ya tenían bastante».

De los años en que el Festival de Benicàssim ni aparecía en los telediarios han pasado dos décadas, pero aún hoy hay bandas que reivindican el indie. Juanma, bajista de Vetusta Morla y admirador de Los Planetas y Dover, lo hace en términos de actitud al afirmar “el indie es una forma de entender el arte más que una cuestión de cómo suenan determinados grupos”, negando de paso una estética definida, todo y que acepta que tocar con cara de preocupación y sugerir que la vida es dura, intensa y duele sería un hecho común en bandas bien o mal llamadas indies. Juanma apunta una diferencia entre los indies de los noventa y ellos al afirmar “la relación con el público era –en los noventa- como de cierta distancia, lo que para mí tenía un punto de independencia con respecto al criterio del público. Hoy en día nosotros no podemos tener esta relación con el público, es él quien ha tomado el control de la situación”.

De opinión contraria es Santi Carrillo: “La generación de los noventa creó un sustrato artístico del que se han aprovechado las generaciones siguientes. Los más conocidos por el gran público hoy son grupos que debilitan el concepto original en aras de unos esquemas comerciales a la baja que desvirtúan sus logros. La empanada mental indie que supuestamente venden no es más que un punto de fuga hacia el mainstream más convencional, lo suyo no es la originalidad, es la evolución de Dover, un grupo que tuvo un gran impacto popular, pero que su gran éxito fue únicamente vender discos».

Por su lado, Nando Cruz, que en su libro cuestiona el indie original por adocenado, clasista y autocomplaciente, sugiere que «el término siempre hizo referencia también a una forma de posicionarse ante la industria discográfica y dado que veinte años después el contexto de la industria discográfica es completamente distinto ya no tiene ningún sentido utilizar la palabra indie. Si el contexto cambia, su significado tiene que cambiar forzosamente, o perder su significado. Aplicar indie a Vetusta Morla lo encuentro inadecuado, porque es un grupo que podría haber existido hace 20 años y se le consideraría un grupo de pop rock español, que es lo que es, como Izal o Supersubmarina».

Esta percepción es la misma que tiene Alberto Guijarro, uno de los directores del Primavera Sound, festival donde no han actuado las bandas que hoy se reclaman indies: «Creo que hay un indie comercial y creo que estos grupos encajan, nacieron en una segunda generación y tienen algo del sonido inicial del indie pero no la actitud, no creemos que tengan la frescura e inmediatez que pedimos a los grupos que programamos». Como consecuencia de este debate, mientras los seguidores del indie original envejecen, los del bien o mal llamado indie actual se renuevan. Cuestión de edad.

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