el historial delictivo delató al asesino

MADRID Guardar

Puro trabajo de orfebrería policial. Esa ha sido la clave principal para esclarecer uno de los crímenes más absurdos de los últimos meses. La muerte, a manos de un ladronzuelo muy peligroso, de un tapicero en su establecimiento del distrito de Latina. Y todo, por un puñado de euros.

Su largo historial delictivo ha sido la pieza fundamental para dar con su identificación y posterior detención, prácticamente en un tiempo récord, informan fuentes de la investigación, que destacan el carácter «degenerado» de Daniel S. S., español de 45 años.

La mañana del lunes 4 de noviembre, a las 10, Fernando López, de 62, abría como en la última década su tienda de decoración y tapicería del número 122 del paseo de Extremadura. Era un comienzo de semana normal, tras haber pasado el descanso con su familia. Era padre y abuelo y lucía con orgullo su anillo de casado.

Nada hacía esperar que sobre una hora después (la autopsia señaló que le dieron muerte a eso de las once, cuando el cadáver fue hallado a mediodía), Emilio, supuestamente, le haría frente en el local. Le dio cuatro golpes en la cabeza con un objeto contundente y le clavó siete veces unas tijeras en la espalda. Le quitó la cartera, en la que apenas había unos euros, y huyó del lugar.

La tienda no tenía cámaras de videovigilancia. La Policía peinó el resto de establecimientos de la zona, en busca de posibles imágenes. Además, consultó en la sucursal bancaria de enfrente, de la que era cliente Fernando, y confirmaron que no había sacado una suma considerable de dinero, de ahí que el botín fuese exiguo.

En esas primeras horas posteriores al suceso, los investigadores del Grupo VI de Homicidios no tenían claro el móvil del robo, aunque no se cerraban a ninguna hipótesis, como adelantó ABC: la puerta no estaba forzada, no habían reventado la caja registradora ni tampoco había nada revuelto en la escena del crimen.

Se descarta la venganza

Se investigaron posibles enemigos de Fernando. Pero los agentes encontraron todo lo contrario: se trataba de un hombre ejemplar para el que nadie en el barrio ni en su entorno más próximo tenía quejas. El móvil de la venganza, el segundo en la lista, iba quedando descartado.

Aquí es donde la colaboración de los zetas que patrullan Latina y de la comisaría del distrito se tornó fundamental. Porque ellos conocen al dedillo a los delincuentes del barrio y fueron poniendo sobre la mesa posibles sospechosos hasta que Homicidios dio con Emilio: tenía múltiples antecedentes por robo con violencia, con fuerza, tenencia ilícita de armas, lesiones y violencia de género. Hasta el punto de que el año pasado fue detenido tras agredir a varias personas después de que estas le recriminaran su conducción temeraria por la que casi se lleva por delante a una mujer y su hija. En otra ocasión llegó a casa con una garrafa de gasolina y amenazó con quemar a su pareja.

Con la necesaria orden judicial, los agentes vigilaron el entorno de su domicilio, en la zona de la calle del Olivillo, a apenas cinco minutos a pie de la tapicería de Fernando. En la «troncha», cuando salía de su domicilio, fue atrapado. En el interior de su vivienda, durante el registro, hallaron la cartera de Fernando, con su documentación, y ropa del sospechoso ensangrentada. El análisis demostró que se trataban de restos del comerciante.

Fue llevado a dependencias policiales, donde se negó a declarar. Tras ser puesto a disposición judicial,ingresó en prisión el domingo pasado, seis días después del asesinato. Ya había estado antes entre rejas.

Asalto a navajazos en un bar

Además, como informó este periódico, se investiga si Emilio pudiera estar también involucrado en el violento asalto, tres días antes del suceso en la tapicería, a la dueña de un bar muy cercano cuando se disponía a abrir. La mujer, de 64 años, estaba fregando un hombre, vestido de negro, con guantes y el rostro tapado (como se sospecha que iba el día del crimen), llamó a la puerta: «Abrí pensando que necesitaba algo y, de repente, me dijo “dame todo el dinero, hija de puta, o te mato”». Su primera reacción fue gritar «socorro», lo que motivó que el asaltante le propinara un fuerte puñetazo en la cara que le hizo caer al suelo. Presa del miedo, la mujer entró por debajo de la barra para entregarle una bolsa con alrededor de 600 euros: «Se la di y mientras él miraba su contenido, intenté escaparme por el mismo hueco por el que había pasado».

Su intento de huida, no obstante, quedó frustrado al ser agarrada por el brazo. «Me cogió y me volvió a tirar al suelo», relató a la víctima a ABC, que recibió entonces una puñalada en el brazo izquierdo con una pequeña navaja que portaba el individuo, además de una patada. Malherida y sangrando abundantemente, la hostelera fue obligada a encerrarse en el baño.

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