El Getafe, entre la maldición de las revelaciones y el recuerdo de Luca Toni

A Djené Dakoman le preguntaron ayer por las imágenes que le vienen a la mente cuando se acuerda de aquel Getafe-Bayern de Múnich que puso en el mapa a la ciudad por la que hoy juega al fútbol. No se acuerda, así que no hay recuerdos. El central tenía entonces 17 años y jugaba para el Etoile Filante, de la liga de Togo, su país natal. Aún le quedaban seis años para llegar a España, cuando el Alcorcón lo pescó del Cotonsport camerunés. La pregunta, por tanto, desfilaba entre lo cruel y lo tierno. Djené optó por tirarse de cabeza y cedió el testigo a José Bordalás, el hombre sobre el que descansan buena parte de las esperanzas de la ciudad del sur de Madrid para este regreso a la Europa League.

Aunque la vuelta tiene trampa: la última vez que el conjunto azulón viajó los jueves por Europa el torneo todavía se llamaba Copa de la UEFA. Fue en la temporada 2010-2011. Al frente del equipo estaba Míchel, y por el campo desfilaban ilustres del Coliseum Alfonso Pérez de la talla de Parejo, Casquero o Gavilán. Aquello tuvo poco de memorable, nada que ver con el tifón emocional que fueron los cuartos de final de 2009 ante el Bayern. Un gol de Contra en elAllianz sacó del diván a quienes creían en las posibilidades del Getafe. En la vuelta, con De la Red expulsado desde el minuto 5, sobrevivió hasta la prórroga, donde incluso logró un 3-1 que se intuía definitivo. La pompa duró hasta que Luca Toni llegó con el alfiler, anotó un doblete y se convirtió en el villano ilustre de la ciudad. Suerte para Beckenbauer, quien todavía debe acordarse del susto que se llevó entonces, más aún después de la sorna con la que afirmó no saber localizar Getafe en el mapa.

La mano de Bordalás

Más de una década después, las cosas han cambiado en la Avenida Teresa de Calcuta. La culpa es de Bordalás, un técnico con maneras de general que tiene a la plantilla firme hasta para ir al supermercado. Los jugadores reconocen que el «míster» es un obseso de la preparación física, hasta el punto de estar pendiente de lo que se llevan al buche durante sus vacaciones o de exigirles que se entrenen en la playa con un GPS que registre los datos de rendimiento mínimo que les pide mantener. Se nota en el campo: sin la calidad de los habituales en la zona alta de la tabla, el Getafe se enganchó la temporada pasada a los puestos que dan acceso a Europa, llegando incluso a la última jornada con opciones de disputar la Champions League. Pasito a pasito, desde que cogió al equipo a finales de septiembre de 2016 después del gatillazo de Juan Esnáider, el técnico alicantino ha invertido el sentido de la tabla. Su Getafe, por más que cuatro jornadas después del inicio liguero marche antepenúltimo, mira más a los dominios de los poderosos que al pozo del que nadie quiere oír hablar.

La historia de este Getafe es la historia de quienes lo componen. Tanta ilusión desprende este reto para el club como para los Jaime Mata o Jorge Molina, tipos que hoy ven su carrera desde la azotea, tanto por etapa como por nivel, y a los que el duelo de esta tarde ante el Trabzonspor (18.55 h.) les sabrá a algo más que a una etapa quemada. No digamos ya a Enric Gallego, quien hace menos de dos años todavía no sabía lo que era meter goles más allá de los campos semiprofesionales de Cataluña y hoy compartirá césped con ilustres talludos del fútbol europeo como John Obi Mikel, José Sosa o Daniel Sturridge.

Precedentes peligrosos

Al fondo se intuyen las dudas que, como carroñeras, sobrevuelan al Getafe tras este mal inicio de temporada, tres puntos en cuatro partidos que tienen al equipo antepenúltimo. Preguntado por el asunto, con el recuerdo de casos similares en los que una explosión inopinada dejó paso a un descalabro funesto (Celta, Villarreal), Bordalás echó, no podía ser de otra manera, balones fuera: «Somos conscientes y no nos podemos centrar más en una competición que en otra. Tenemos que estar centrados y con el máximo de responsabilidad, y cuando acabe el partido pensaremos en la Liga, que es de vital importancia». Kenedy, Cucurella o Jason, a préstamo esta campaña por Chelsea, Barcelona y Valencia, son algunos de los nombres que han llegado con la esperanza de que otro Bayern se cruce en su camino y les brinde la oportunidad de sellar su nombre en las entrañas del Coliseum.

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Con un poco de suerte no se cruzará con el Sevilla, que hoy se mide al Qarabag (18.55 h.), o el Espanyol, que debuta después de tres previas ante el Ferencvaros (21.00 h.).

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