El generoso gesto de Philip Roth antes de morir que acaba de salir a la luz

Corresponsal en Nueva York Guardar

Philip Roth, el escritor estadounidense fallecido el año pasado, cultivó una relación especial con la biblioteca pública de su ciudad, la Newark Public Library, en New Jersey. Allí pasó tardes enteras como estudiante, enfrascado en libros y manuales. El protagonista de su primera novela, «Goodbye, Columbus», es un graduado de la Rutgers University –como él lo fue– que trabaja en esa biblioteca. En la sala de documentación del mismo centro hizo el trabajo de investigación para su «American Trilogy».

Roth, uno de los autores más laureados de la literatura estadounidense del siglo XX –eterno candidato al Nobel hasta que falleció–, reconoció en múltiples entrevistas el impacto de su infancia en la ciudad de Newark, incluidas las horas que pasaba en la biblioteca, para configurar en su edad adulta su carrera de escritor. Lo que la biblioteca le dio en vida, él se lo devolvió tras su muerte, en mayor del año pasado. Donó su colección personal –más de 7.000 libros y documentos personales– al centro, muchos de ellos con sus propias anotaciones.

La entrega, anunciada dos años antes de su muerte, le ha servido a la Newark Public Library para profundizar sus fondos. Ahora se ha sabido que venía acompañada de otro regalo: «The Wall Street Journal» ha revelado una donación de dos millones de dólares a la biblioteca, que servirán para mejorar sus operaciones y renovar el ala del edificio que acoge su colección.

Patrimonio de diez millones

Es una cantidad considerable si se tiene en cuenta que el patrimonio que dejó el escritor era de diez millones de dólares.

«Mi decisión de colocar mi biblioteca persona en Newark, y, de forma específica, en la Newark Public Library, estuvo determinada por un viejo sentimiento de gratitud a la ciudad en la que nací», dijo Roth en el momento de anunciar la entrega de su colección.

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«Durante los muchos días en los que no tenía clases, las pilas de libros y las salas de estudio y de lecturas eran donde me instalaba cuando quería un lugar tranquilo para estar solo y leer, estudiar o buscar algo», dijo de la biblioteca en una ocasión. «Era mi otra casa en Newark».

El autor de «El lamento de Portnoy», «La gran novela americana» o «Pastoral americana» cedía en el testamento parte de su herencia a una ciudad y a una biblioteca con problemas, acuciados por falta de recursos públicos.

Según los términos de la donación, cada año la biblioteca recibirá los intereses producidos por los dos millones de dólares, que deberán ser dedicados a la colección, no a financiar otros proyectos. El primer pago, de 80.000 dólares, se espera para febrero del año que viene. La ciudad, afortunada, recibe así el legado de un escritor comprometido hasta el final con los servicios públicos de su lugar de residencia.

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