El futuro no cabe en cuatro años

Supón que eres un astrofísico genial, descubres que el mundo se acabará dentro de cinco años y, como es tu obligación cívica, avisas de ello a tu Gobierno. Mal. Debiste decirle que se acabaría en cuatro, porque eso es lo que dura una legislatura y lo demás es futurismo de la bruja Lola para cualquier político. En el Ala oeste de la Casa Blanca, el presidente Bartlet regaña a su ayudante Charlie porque ahorra demasiado. “¿Pero no es lo que usted defiende que debemos hacer los ciudadanos?”, pregunta Charlie, y el presidente le responde: “Sí, pero cuando gobierne otro”. Esta ineptitud fisiológica de los políticos para atisbar el largo plazo es el obstáculo central que impide que los países democráticos –no hablemos ya de los demás—estemos preparados para una pandemia o cualquier otra catástrofe improbable pero devastadora. Hasta donde yo sé, la teoría política no ha resuelto este problema capital, más allá de reclamar unos confusos pactos de Estado que nunca parecen llegar.

Seguir leyendo

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!