El fuego apagado de Djokovic y Osaka

Aunque la historia y los hechos dicen que el tenis y los Juegos Olímpicos han tenido sus idas y venidas –figuró en la primera edición, 1896, pero rompieron en 1924 y no se reincorporó al programa de nuevo hasta 1988–, la raqueta entró por la puerta grande en Tokio. Ascendiendo al monte Fuji, exactamente. Para siempre quedará grabada la imagen de Naomi Osaka subiendo la escalinata y portando la antorcha en el Estadio Nacional para encender el pebetero, algo que no había hecho antes ningún otro tenista. Estos eran sus Juegos y ese, su momento. Un mensaje multirracial hacia el mundo y el deporte como factor integrador. Luego, sobre la pista, llegó la decepción.

Seguir leyendo

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!