El exilio moral de Iglesias… en Cataluña

No deja de asombrar la naturalidad con que algunos aplauden a rabiar los mensajes inaugurales de Biden como verdades reveladas en el Monte Sinaí —unidad nacional, defensa de la Constitución y de la democracia demasiado frágil, valor de la verdad frente a los hechos alternativos…— sin percibir contradicción alguna con seguir defendiendo las virtudes del procés. Sin establecer un paralelismo, hay demasiados paralelismos entre el nacionalpopulismo procesista y el nacionalpopulismo trumpista como para soslayar la cuestión: el desprecio por la legalidad, la refutación del Estado de Derecho, la fabricación de verdades…. asuntos medulares, pero ahí siguen erre que erre, como si pudiera convivir la denuncia radical del trumpismo con la defensa apasionada del procesismo.

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