El estandarte medioambiental

No será porque el Gobierno español sea reticente al cambio energético; al contrario, el PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima) presentado con pompa y circunstancia en Bruselas es el más avanzado, el más comprometido y el más lustroso. A grandes rasgos, el plan se propone reducir los gases de efecto invernadero en un 23% en 2030 respecto a los vertidos en 1990; alcanzar un 42% de energía renovable en el uso final de la energía en la próxima década; y conseguir el 74% de presencia de energía renovable en la producción de electricidad. La revisión reciente del PNIEC sitúa las inversiones necesarias para concluir la transición energética en 241.000 millones; no hay, pues, proyecto económico, educativo o sanitario que pueda competir con el energético. Se nota que la ministra del ramo, Teresa Ribera, es una convencida de la urgencia de combatir el cambio climático y, de paso, de introducir con las energías limpias, procesos productivos con más valor añadido en la economía.

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