El edificio La Vela, el corazón de la «miniciudad» que revolucionó la arquitectura

El edificio de La Vela destaca en altura y en diseño en el paisaje urbanístico del barrio madrileño de Las Tablas. Es la parte más visible de la sede del BBVA pero tan solo representa el 10% de la ciudad de esta entidad financiera compuesta por un total de ocho edificios. Fue diseñado por el estudio suizo Herzog & De Meuron, Premio Pritzker en el 2001, después de ganar un concurso de ideas lanzado por el banco en el 2008 al que se presentaron tres propuestas nacionales y tres internacionales (dos de las seis se unieron). «El proyecto que ganó entendió desde el principio la idea. Se buscaba transparencia y sencillez. Y en su caso adaptaron el edificio a la parcela», explica Susana López, responsable del proyecto Ciudad BBVA, también conocida como la «alcaldesa». Para costear el proyecto el banco vendió cuatro inmuebles y con los 900 millones de euros de beneficio se logró comprar la parcela y costear las obras que acabaron por debajo del presupuesto inicial. En el terreno adquirido se estaba construyendo un parque empresarial y se aprovecharon los primeros trabajos de preparación del terreno.

En el 2010 se inició la primera fase, concluida en el 2013, que permitió la llegada de 2.000 empleados del BBVA; y la segunda fase finalizó en el 2015 y el espacio acoge ahora a 7.000 trabajadores. El proyecto inicial fue modificado en algunos aspectos. Uno de ellos, la orientación de La Vela, que era Este-Oeste y «se giró para Norte – Sur por un tema de eficiencia energética», puntualiza Susana López. La altura de la Vela es de 93 metros, igual que la Estatua de la Libertad. Su esqueleto curvo de hormigón armado fue todo un reto a nivel estructural y constructivo. Para diseñar esta parte del edificio fue necesario utilizar 35 radios diferentes y su edificación fue laboriosa, «se utilizó un anillo de hormigón con escaladores. Este sistema se sigue usando para su limpieza». La lamas exteriores (2.800 en total) tienen como principal función la eficiencia energética. Tienen ese recorte porque coincide con la vista de los trabajadores, para que todos puedan ver al exterior desde su puesto de trabajo y tengan luz natural. En total se emplearon 140.000 metros cúbicos de hormigón (el volumen de la torre de Catellana 81), 16.000 toneladas de acero, hasta 15 grúas torre y llegaron a trabajar a la vez 10.500 operarios.

«En un momento en el que la construcción estaba muy parada la edificación de esta ciudad fue muy importante para el sector», matiza la responsable. Para las fachadas se han utilizado casi 50.0000 metros cuadrados de cristales y entre las dos capas de cristal se ha utilizado gas argón «que no transmite la continuidad y evita el frío o el calor y el ruido».

Una de las calles de la Ciudad BBVA – BELÉN RODRIGO

Adoquín portugués

«El espacio está diseñado como si fuese una ciudad mediterránea y todas las calles llegan a la plaza», destaca Susana López. Se ha utilizado el adoquín portugués para pavimentar los espacios exteriores y en los baños. Una de las principales preocupaciones para el BBVA era «reflejar en el edificio la transformación digital que está viviendo el banco. Que se vea en toda la ciudad. Es un proyecto muy orientado a los empleados, a la sostenibilidad y a la transformación», comenta Susana. Cada edificio recibe el nombre de un continente y las calles que los separan tienen por nombre el de los mares y océanos que unen los continentes. En el centro se sitúa una plaza circular de 100 metros de diámetro donde se erige La Vela, que tiene 19 pisos, con 82 metros de diámetro y 16 metros de ancho. El nombre fue elegido por los empleados a través de un concurso de ideas. En lo alto se puede leer el nombre del banco y el rótulo lo forman 54.000 lámparas de LED que consumen menos que un aire acondicionado. De hecho es el edificio más grande de Europa con consumo LED.

Este proyecto supuso un gran cambio para los trabajadores del banco, que se encontraban repartidos en varios edificios de Madrid, siendo el principal de ellos la sede, la Torre BBVA, en pleno centro del Madrid financiero, en Castellana 81. A pesar de las reticencias iniciales, «ahora todo el mundo está encantado, es un lugar muy cómodo y para trabajar», afirman en el banco. Existen muchas zonas verdes, «la superficie vegetal es superior a la Plaza Mayor de Madrid», revela Susana López. Es una forma también de evitar la concentración de calor. En total se han plantado más de 500 árboles.

En el complejo financiero se han plantado más de 500 árboles
En el complejo financiero se han plantado más de 500 árboles – BELÉN RODRIGO

Entre las curiosidades del edificio está la grúa que se guarda en la parte superior de La Vela que se utiliza para los trabajos de limpieza. En total se han construido 153.000 metros cuadrados de oficinas y entre todos los edificios existen 350 salas de reuniones que los empleados reservan a través de sus móviles. Una de las zonas que más curiosidad levanta es la sala de tesorería, donde se encuentran los brokers. Allí se concentran 400 traders, algunos de los cuales trabajan con hasta 8 pantallas al mismo tiempo. La concentración de equipos informáticos es tal que es necesaria una aclimatación especial. El complejo cuenta con guardería para 250 niños, un gimnasio que ya tiene 1.700 abonados, 8 restaurantes, una panadería, un corner del Corte Inglés, una tintorería y una agencia de viajes entre otros servicios.

El parking tiene capacidad para 3.000 vehículos y gracias a una aplicación se ceden al día 800 lugares para los empelados. El banco dispone de un sistema gratuito de lanzaderas desde la estaciones de Pitis y Chamartín. Se pretende que esta ciudad sea un espacio donde se intercambia conocimiento, «nadie tiene despacho y al haber wifi en todo el espacio se puede trabajar desde cualquier lugar», afirma la “alcaldesa”. Tampoco hay papeleras ni impresoras individuales sino puntos de reciclaje y zonas para imprimir lo que se manda desde cada ordenador. Gracias a todos estos detalles y a todo el trabajo realizado para que sea un edificio sostenible se ha conseguido reducir en un 30% los gastos de mantenimiento en comparación a lo que se gastaba en más de 20 edificios. Hay también una biblioteca sin libros para trabajar en silencio.

En todo el complejo se pueden encontrar más de 300 obras de arte, entre ellas cuadros de Antonio López, Miró y Tapiés. Hay también obras de arte digitales, algunas de Daniel Conogar. En la mitad de los 19 pisos de La Vela hay oficinas y el resto de plantas son representativas. Arriba es donde se reúne el Consejo y en la cúpula se organizan eventos.

La Vela y toda la ciudad financiera del BBVA han traído mucha vida al barrio de Las Tablas. Y desde el punto de vista arquitectónico, es uno de los edificios de referencia de la arquitectura contemporánea de la capital.

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