El día que el Gobierno francés «tembló» por el desmorone de la catedral de Notre-Dame en 1991

París llora hoy por su catedral. Nuestra Señora de París, también conocida como Notre-Dame, es pasto de las llamas en la capital francesa en un devastador incendio del que todavía no se conocen las causas. Sin embargo, la preocupación por el templo no es algo puntual. Icono del gótico y corazón de la ciudad, Notre-Dame ya vio temblar sus cimientos en 1991. Así lo contaba en las páginas de ABC Juan Pedro Quiñonero el 19 de enero de aquel año, meses antes de la puesta en marcha de su restauración.

Según un informe, Notre-Dame en el año 1991 se encuentraba en un estado de «degración avanzada por la polución, el anhídrido carbónico, un relativo abandono oficial y la masificación del turismo». Además, la masificación de la capital francesa y el interés que suscitaba el templo habían convertido el edificio en un «parque automovilístico».

Con ese escenario, un informe oficial reconoce que la sacristía se encuentra en un «estado lamentable». Un portavoz oficial del ministerio de Cultura reconocía en él que «el estado general de conservación del monumento es preocupante».

Según informaba el corresponsal de ABC en la capital parisina, la degradación del templo era «resultado último de una política cultural que lleva demasiados años abandonando a su suerte la defensa cotidiana del patrimonio arquitectónico, beneficiando una política proclive a los fastos rayanos en la propaganda directa o indirecta. El tiempo, la llueva, la nieve, las palomas, el viento, la polución son, en buena medida, los responsables últimos de un proceso de degradación particularmente grave».

Por ese motivo, el ministro de Cultura dispuso un crédito de cien millones de francos (unos 1.850 millones de pesetas), para comenzar un proceso de renovación, a partir del verano. La segunda, y más ambiciosa, desde la restauración dirigida por Viollet-le-Duc, en 1.843.

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