El día después del Mundial femenino: la idea de Google y los impactantes números

Francia celebra el triunfo sobre Brasil que le dio el pase a los cuartos de final en Le Havre Fuente: Reuters

Este 2019 fue el año de la revolución del fútbol femenino. El Mundial de Francia llevó hasta el tope la espuma de un fenómeno que alguna vez tendrá que ser debidamente estudiado: el fútbol reinventa su historia como el catalizador número uno de las diferentes expresiones locales transformadas en un acontecimiento global. La explosión del fútbol femenino es el eco deportivo de las reivindicaciones por la igualdad de derechos y otros reclamos de sociedades alejadas en su geografía, pero cercanas en su pedido de inclusión. El fútbol se pone a tono con otras esferas de la vida pública de esta era.

El alcance de esta manifestación ya había sido evaluado por la consultora Nielsen, antes del comienzo de Francia 2019, a través de un relevamiento hecho en alianza con Facebook. El estudio abarcó un total de 24 mercados (India, China, Brasil y Estados Unidos como los más destacados) y demostró que el fútbol femenino despertaba el interés del 16 por ciento de los habitantes del planeta. Puesto en contraste con otros deportes: es la misma cantidad de seguidores globales que tiene el golf y poco menos de la mitad de los que tiene el tenis (29 por ciento). El estudio agrega que el 54 por ciento de esos fanáticos son hombres y que los más entusiastas son los que tienen entre 25 y 34 años (28 por ciento).

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Otro gigante tecnológico también puso su capacidad operativa para involucrarse con el acontecimiento. Google creó un proyecto virtual llamado Offside Museum para darle registro a una parte de la historia que nunca fue escrita: el museo se arma con aportes colaborativos de textos, videos y fotos de los usuarios para armar una línea de tiempo del fútbol femenino. El motor de la experiencia fue la prohibición explícita que tuvo el fútbol jugado por las mujeres en Brasil hasta el año 1979.

Con el campeonato en marcha, la FIFA se dedicó a administrar el gran volumen de conversación de los fanáticos a través de sus canales oficiales. Hasta el comienzo de los octavos de final del Mundial de Francia, la FIFA tuvo 433 millones de visualizaciones de sus contenidos (82 millones en video), acumuló más de 2 millones de seguidores (1,2 millones son nuevos) y dominó el 20 por ciento de la conversación vinculada al campeonato en Twitter.

El impacto televisivo todavía cuenta. En el Reino Unido, la BBC decidió darle a Francia 2019 el mismo tratamiento editorial que al Mundial masculino y al término de la primera fase, entre los partidos de Inglaterra y Escocia, el 50 por ciento de los televidentes del territorio había visto al menos un minuto de juego de esos seleccionados. En Brasil, el partido entre el equipo de Marta contra Italia tuvo más de 24 millones de espectadores. Incluso el fenómeno se vivió en Chile con más de 800 mil usuarios únicos viendo a su representativo vía streaming por Chilevisión.

En la Argentina el interés se reflejó en la atmósfera deportiva que reinó en la primera fase y también en los ratings televisivos: desde el pico de 3,1 puntos contra Japón hasta llegar a los 7,7 de la histórica remontada contra Escocia. La Argentina tiene experiencia de sobra en envolver sobre su cuello bufandas de euforia y celebración por momentos deportivos puntuales. El desafío está en construir desde la rutina. Cuando la vida vuelve a su normalidad y baja la espuma, el fútbol femenino reclama nuevamente por su futuro. No tiene vuelta atrás.

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