El Cristo de la Vega, el Nazareno y el de la Esperanza desfilan el Lunes Santo en Toledo

Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional la Semana Santa de Toledo presenta tres aspectos, que la hacen única en el mundo: el litúrgico, el procesional y el de los monumentos, con preciosos sagrarios que guardan el Santísimo Sacramento, desde la tarde del Jueves Santo hasta la del Viernes Santo, para que los católicos puedan orar y velar ante ellos.

Presididos por el prelado primado, acompañado por el cabildo catedralicio es en la catedral donde los oficios alcanzan su mayor solemnidad y suntuosidad. El lustre histórico y riqueza de los ornamentos y vasos sagrados que se utilizan en los cultos se agrandan con la magnificencia arquitectónica y ornamental de la basílica señera de España y famosa en toda la Cristiandad. Una ceremonia peculiar y única, propia del antiguo ceremonial toledano, se celebra durante la Vigilia Pascual.

Después de cantarse el «Gloria a Dios en el cielo», de la sacristía salen los seises con dos corderos blancos, adornados con lazos y cascabeles y suben al altar mayor y empezando por el prelado van repartiendo uno lazo y un cascabel a cada uno de los canónigos concelebrantes.

Las procesiones son auténticas manifestaciones de fe ardiente, inconmovible, profunda, fecunda, penitencial y conmovedoramente ascética. Desfilan cristos agónicos y legendarios y vírgenes de gran belleza, a las que los escultores supieron dar rostros de Madre con dolor sereno.

Las calles por la que discurren son el marco soberano que ofrece la ciudad, de suya recoleta, con su colaborador silencio, las penumbras de sus rincones recovecos, calles estrechas llenas de cruces murales y sus cobertizos. Son el marco más precioso para los desfiles penitenciales, que tienen su complemento digno de los mejores aguafuertes en los severos paredones de sus enormes conventos femeninos, tapices de austera piedra y toscos muros de antiguas iglesias y catedralicios, muestras severas de austeridad y continua penitencia de la ciudad.

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En los monumentos instalados en las iglesias parroquiales y conventos, destacan los de estos últimos, con una honda emoción mística, que no tienen más nota inquieta que el parpadeo de las llamas de cirios y velas que se mueven con sutil unción religiosa, ante la policromía discreta de las flores votivas y el lujo de las platas de los floreros, galas metálicas convertidas en devoción religiosa y expiatoria. En los coros velan las monjas enclaustradas. La curiosidad se ennoblece de misticismo al contemplar, a través de las rejas, a las vírgenes del Señor en oración silenciosa.

Tres procesiones

Hoy Lunes Santo tres procesiones recorrerán las calles toledanas, por distintos itinerarios. A las 19,00 horas saldrá de su antiquísima basílica el Cristo de la Vega, portado en unas sencillas andas que llevarán ochos de sus cofrades. Por el paseo de la Basílica, bajada de la Cava, Reyes Católicos, San Juan de los Reyes, Ángel, Santo Tomé, Trinidad , Arco de Palacio, llegará a la plaza del Ayuntamiento, donde se producirá el emotivo encuentro con Cristo Nazareno Cautivo, que partirá a las 21,00 horas del templo primado.

Después de rezar una oración, el Cristo de la leyendas entrará en la catedral por la puerta Llana, donde quedará instalado en una de las naves hasta el primer minuto del Viernes Santo que en procesión regresara a su sede canónica.

El Cristo Nazareno Cautivo irá portado en unas preciosas andas que cargan treinta y seis cofrades, acompañado por la banda de tambores de la escuela de la cofradía y por varios centenares de cofrades, revestidos con capa de color morado nazareno con capuz, subirá por Arco de Palacio, para seguir por Hombre de Palo, Comercio, plaza de Zocodover, cuesta de Carlo V, plazas de Horno de los Bizcochos y de la Madgalena, Tornerías, plaza Mayor, Sixto Ramón Parra, Cardenal Cisneros y entrar en el templo primado por la puerta Llana.

El Cristo Nazareno Cautivo desfiló por primera vez en las procesiones de la Semana Santa Imperial el 29 de marzo de 2010. La cofradía tiene su sede canónica en la parroquia de San José Obrero del barrio del polígono de Santa María de Benquerencia, contando con varios centenares de cofrades. La imagen es obra del imaginero religioso Antonio José Martínez, que consiguió darla una gran belleza.

Cristo de la Esperanza

Austeridad, severidad, silencio, recogimiento y bisbiseos del Vía Crucis son las características de la procesión del Cristo de la Esperanza desde que el 16 abril de 1984 se incorporó a los desfiles procesionales de la Semana Santa partiendo a las 23,30 horas de la iglesia de San Andrés.

Esta noche, bastantes minutos antes de esta hora, la recoleta plaza del Seminario, como cada año, estará abarrotada de un público expectante que espera la salida del Crucificado, talla del siglo XVII. Al abrirse la puerta de la iglesia que da a esa plaza y salir la imagen se producirá un silencio que se siente que será quebrado por una acompasadas voces cantado un motete. Son los componentes del coro del seminario mayor de nuestra ciudad, cumpliendo una tradición que data de 1995.

Después el acto penitencial la imagen será portada en unas andas obra de Juan Salinas que llevaran ocho cofrades. A lo largo del recorrido el silencio es impresionante, solo roto por el rezo de las estaciones del Vía Crucis y el acompasado sonido que producen las horquillas de los portadores de las andas en los guijarros y adoquines del suelo.

La procesión estuvo llegando a la iglesia de San Cipriano hasta 1988, donde el Santísimo Cristo de la Esperanza recibe el culto diario. Esta noche recorrerá el siguiente itinerario: plaza de San Andrés, plaza y calle de Santa Isabel, plaza del Ayuntamiento, Arco de Palacio, Trinidad, calle y travesía de Santa Úrsula, Ciudad , travesía y calle de Santa Isabel, plaza de San Andrés para entrar en la iglesia del mismo nombre.

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