El compositor Arvo Pärt, premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA

El compositor Arvo Pärt (Paide, Estonia, 1935) ha sido galardonado con el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música y Ópera, según ha informado la institución a través de un comunicado. El jurado, que debido a la crisis sanitaria del COVID-19 ha valorado telemáticamente las 37 candidaturas recibidas, ha premiado al estonio “por cultivar un lenguaje original que le ha llevado a crear un mundo sonoro único; una aproximación nueva a la música espiritual, especialmente coral, que reduce el material sonoro a lo esencial”. Al recibir la noticia de la concesión del galardón, Pärt se ha mostrado “muy feliz y agradecido”. Arvo Pärt nació en 1935 en Paide, Estonia, sólo cuatro años antes de que el Estado pasase a formar parte de la URSS. Estudió piano, flauta, oboe y percusión antes de cumplir los veinte años, edad en la que realizó sus primeros intentos compositivos. En 1954 inició su formación superior en composición, en el conservatorio de Tallin, que tuvo que interrumpir por el servicio militar obligatorio. Se graduó en 1963, con una madurez formal reflejada en su «Sinfonía No. 1» (1963), mientras trabajaba como ingeniero de sonido en la radio estatal. Algunas de las piezas que compuso durante sus años de estudiante aún permanecen en su catálogo oficial, incluidas obras orquestales como «Nekrolog» (1960) o «Perpetuum mobile» (1963). A finales de los sesenta, su música destaca por una utilización muy personal de la técnica del collage, aunque más oscura y dramática, unida a una gran influencia de la tradición barroca, en composiciones que reflejan una lucha interior entre dos mundos contrapuestos. La máxima expresión de este diálogo interior es «Credo» (1968), que supuso un punto de inflexión en su obra y en su vida. El estreno de esta pieza fue un acontecimiento para el público asistente, que la ovacionó hasta conseguir que se interpretase íntegramente una vez más. Sin embargo, el Estado soviético consideró peligrosos a la obra y a su creador por su espíritu innovador y por hacerse eco de una visión espiritual y sensible capaz de resonar con la audiencia.<iframe width=»510″ height=»286″ src=»https://www.youtube.com/embed/yYWpfNi9h4c» frameborder=»0″ allow=»accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture» allowfullscreen></iframe> Pärt se sumió en un retorno a los orígenes mediante el estudio de la música vocal cristiana, el canto gregoriano, la escuela de Nôtre Dame y la polifonía renacentista. En esos años ocurren dos acontecimientos personales de gran significado en su vida: su matrimonio con Nora, su compañera inseparable desde entonces, y su ingreso oficial en la Iglesia Ortodoxa. Una voz propia Su producción en esos años fue escasa, aunque con alguna creación relevante como su «Sinfonía no.3» (1971). En 1976, con una pequeña pieza para piano, «Für Alina», Pärt muestra de manera evidente que ha encontrado su propia voz. Los dos mundos que llevaba tiempo explorando se expresaron a la perfección en la creación de una nueva técnica: el tintinnabuli , dos líneas musicales entrelazadas, desprovistas de todo elemento accesorio. Desde entonces, Pärt ha mantenido una relación de más de cuarenta años con esa técnica que él mismo inventó, que ha desarrollado y en la que se ha apoyado para toda su creación. El nacimiento de ese nuevo lenguaje le condujo a un año muy prolífico, 1977, en que compuso algunas de sus obras más interpretadas: «Cantus in Memory of Benjamin Britten», «Fratres», «Summa» y «Tabula rasa». <iframe width=»510″ height=»286″ src=»https://www.youtube.com/embed/8HON4AswPVk» frameborder=»0″ allow=»accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture» allowfullscreen></iframe> El estreno de «Tabula rasa» volvió a ser un acontecimiento, esta vez en Tallin, que le abrió las puertas a un amplio reconocimiento internacional. Su creciente influencia y acogida por el público, su voz artística altamente individual y su religiosidad fueron vistos por el régimen soviético como una amenaza. Los intentos de injerencia de la URSS llevaron a Pärt a expresar públicamente su desacuerdo. Fue detenido en el aeropuerto de Moscú por disidente, los medios comenzaron a tildarle de “traidor a la patria” y, finalmente, las autoridades soviéticas le recomendaron salir de Estonia. Exilio Se exilió con su familia en enero de 1980, primero a Viena y posteriormente a Berlín, donde vivió durante casi treinta años, mientras en Estonia se prohibían las interpretaciones en directo de sus obras. Alemania supuso un nuevo periodo, extraordinariamente fecundo, en su producción, en el que jugó un papel muy importante su relación profesional con Manfred Eicher, a quien conoció en 1984. El fundador y productor del sello ECM Records convirtió una nueva grabación de «Tabula rasa» en el primer título de una exitosa serie de grabaciones que llevó la música de Pärt a todo el mundo. Sus piezas comenzaron a incluirse en los programas de muchos de los más prestigiosos festivales internacionales, de orquestas y de ensembles, así como de programas de radio y televisión. Estonia recuperó su independencia en 1991, y Pärt restauró su relación con el país, tanto personal como artísticamente. Su música se volvió a interpretar con regularidad y los lugares en los que vivió en su juventud le ofrecen habitualmente homenajes el día de su cumpleaños. En 2010, Pärt regresó definitivamente a Estonia, donde vive desde entonces. Ese mismo año, él y su mujer Nora fundaron el Centro Arvo Pärt, cuyo objetivo es crear y mantener el archivo personal del compositor y, en paralelo, oficiar como lugar de encuentro para músicos, investigadores y amantes del universo musical.

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