El Chapo, el campesino que se convirtió en emperador de la droga

Comienza el juicio contra Joaquín Guzmán Loera, alias «el Chapo», en Estados Unidos. El proceso, que podría llegar a durar hasta cuatro meses, dará inició el próximo martes, 13 de noviembre, en una corte federal de Nueva York donde trece miembros del jurado –siete mujeres y cinco hombres- decidirán si Guzmán es culpable de los diversos crímenes que Estados Unidos imputa al narcotraficante más mediático desde el colombiano Pablo Escobar, fallecido en 1993.

El Chapo, de 61 años, afronta una posible cadena perpetua si se demuestra cualquiera de los once cargos criminales de los que le acusa la fiscalía, divididos en cuatro grandes bloques. De un lado, la fiscalía federal plantea ocho acusaciones por tráfico de drogas a EE.UU. y, por otro lado, señala otros tres cargos por ser miembro de una organización delictiva, realizado lavado de dinero y, por último, hacer uso de armas con fines criminales. Y, para demostrarlo, la fiscalía se apoyará en las declaraciones de dieciséis personas que darán su testimonio, además de cientos de documentos y grabaciones con los que intentarán convencer a los miembros del jurado.

El afamado líder del Cártel de Sinaloa ha sido condenado ya por tráfico de drogas en México. Sin embargo, ha logrado escapar de dos prisiones de máxima seguridad en México, motivo por el que fue extraditado a Estados Unidos en enero de 2017. Fue apresado por primera vez en Guatemala en 1993, desde donde fue extraditado a México y condenado a 20 años de prisión. En 2001 consiguió escabullirse de la prisión tras sobornar a los guardias y logró estar en libertad hasta febrero de 2014, cuando fue arrestado por segunda vez.

Pero en esta nueva estancia apenas duró dieciséis meses, ya que volvió a escaparse en julio de 2015 a través de un túnel de 1,5 kilómetros de longitud. Finalmente fue capturado en enero de 2016 y extraditado un año más tarde a Estados Unidos, ante la manifiesta incapacidad del país azteca para poder mantener entre rejas al criminal que gobernó el imperio de la droga mundial, un negocio ilícito que en México se ha cobrado más de 250.000 vidas desde 2006, cuando el gobierno inició la llamada guerra contra el narcotráfico bajo el mandato de Felipe Calderón (2006-2012) y que luego ha continuado Peña Nieto (2012-2018).

Ascenso y caída

«De 15 años en adelante, de donde yo soy, de un rancho que se llama La Tuna, desde allá hasta la fecha no hay puestos de trabajo. La manera de tener para comprar la comida, sobrevivir, es cultivar amapola y marihuana. Yo de esa edad empecé a cultivarlas, cosecharlas y venderlas», confesó el Chapo Guzmán en aquella polémica entrevista publicada en «Rolling Stone» en 2016, gracias a Sean Penn y a la actriz mexicana Kate del Castillo. Y es que el hombre que terminó creando un patrimonio de 14.000 millones de dólares, según Forbes en 2009, es de unos orígenes extremadamente humildes. «Éramos una familia muy pobre, mi mamá trabajaba mucho», dice el narcotraficante en una de las pocas entrevistas que se le han realizado.

Sinaloa es precisamente uno de los tres estados, junto con Chihuahua y Durango, que conforman el gigantesto Triángulo de Oro, una extensa área de montaña que cuenta con un clima ideal para el cultivo de la marihuana y de la amapola, utilizada para producir heroína. Al estar entre montañas, esta área es perfecta para esconder los campos de cultivo y protegerse de operaciones policiales. Tras la caída de los narcotraficantes colombianos a inicios de los 90, los criminales mexicanos recogieron el testigo, ya que, además, contaban con una importante ventaja: desde algunos puntos del Triángulo de Oro hasta la frontera con EE.UU. solo hay 300km. Precisamente, esa proximidad al mayor consumidor de estupefacientes del mundo –Estados Unidos– fue la ventaja competitiva que supo aprovechar el Cártel de Sinaloa bajo las órdenes del Chapo, quien logró convertirla en una de las organización delictivas más importante del mundo desde mediados de los años 80 y que extiende sus redes alrededor de todo el globo.

Red de distribución

Estados Unidos estima que el Cártel de Sinaloa ha introducido más de 200 toneladas de cocaína entre 1990 y 2008. Y es que el Chapo se dio cuenta de que el gran negocio del narcotráfico no estaba en la producción, sino en el contrabando y distribución de drogas en ese país. Así, el narcotraficante diseñó una rápida y efectiva red de distribución para introducir la cocaína producida en Colombia, convirtiéndose de esa manera en un intermediario esencial para todas las organizaciones delictivas. De hecho, a pesar de que las grandes plantaciones de coca se ubican en Colombia, Perú y Bolivia, los cárteles mexicanos son los reyes de este ilícito negocio gracias a su dominio sobre el mercado de distribución en EE.UU.

La suerte del Chapo, sin embargo, comenzó a cambiar en 1993, cuando fue detenido por primera vez. En total, el criminal ha pasado poco más de una década en prisión y los últimos dos años los ha pasado en una cárcel de máxima seguridad en Nueva York. Este tiempo, el narcotraficante ha vivido confinado en una pequeña habitación de 18 metros cuadrados, con la luz siempre encendida y vigilado las 24 horas. En menos de cuatro meses sabrá si deberá pasar el resto de su vida en esa prisión, o si, por el contrario, será declarado en libertad.

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