El caldo de cultivo

El presidente Donald Trump lleva tiempo provocando un enorme embrollo en los asuntos de su país y en los del mundo entero. Ha erosionado el funcionamiento de las instituciones de Estados Unidos, se ha servido de la mentira como instrumento para confundir a los ciudadanos, ha dinamitado muchos de los organismos multilaterales, cultiva amistades peligrosas y promociona a una camarilla obediente que se pliega a sus designios, en sus manos la prepotencia y la arbitrariedad se han vuelto herramientas habituales con las que trata a sus rivales, es machista y vulgar. Ahora ha dado un paso más y, ante la posibilidad de perder unas elecciones que se le están poniendo cuesta arriba, anda haciendo todo lo posible por convertir a su adversario, el demócrata Joe Biden, en un apestado que procura destruir a ese pueblo que él dice representar obedeciendo, como un títete blandengue, a lo que llama la izquierda radical. El vocabulario que está utilizando empieza a ser mucho más grueso, sus metáforas son lacerantes: ha comparado la violencia de la represión policial contra los manifestantes antirracistas con los errores de un jugador de golf que se equivoca en un golpe fácil. Lo hacen muy bien, vino a decir, pero de pronto se ponen nerviosos “y fallan un putt de un metro”.

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