El Banco de España constata un frenazo del crédito

La desaceleración económica comienza a notarse también en una menor alegría por parte de las empresas y familias a la hora de pedir créditos y de los bancos al darles financiación. Así lo constata el Banco de España, que en su último Informe de Estabilidad Financiera, publicado este jueves, señala no solo que la concesión de nuevos préstamos a hogares y compañías se está desacelerando, sino que en los últimos meses incluso ha caído. «El flujo de crédito nuevo al sector privado no financiero se ha desacelerado gradualmente a lo largo de 2019, pasando a contraerse en prácticamente todos los segmentos en los últimos meses», señala el informe del organismo dirigido por Pablo Hernández de Cos. Esta tendencia, según detalla el supervisor, se debe, por un lado, a un endurecimiento en los criterios de aprobación de créditos por parte las entidades financieras, principalmente en el caso de las hipotecas como consecuencia de la nueva ley hipotecaria. Además, el Banco de España también señala un debilitamiento de la demanda de financiación por parte de las familias y las empresas. Como ya anticipaba la última Encuesta sobre Préstamos Bancarios, la demanda de crédito por parte de hogares y empresas se redujo durante el tercer trimestre por primera vez desde mediados de 2013, esto es, desde antes de la recuperación económica, debido entre otras cosas a una menor confianza de los consumidores en la situación económica. Las empresas, en cambio, están prefiriendo financiarse mediante la emisión de deuda corporativa, pues la política monetaria de bajos tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE) la ha abaratado notablemente. Problema de rentabilidad El Banco de España apunta a la ralentización económica global y la incertidumbre geopolítica como uno de los actuales factores de riesgo al alza para la estabilidad financiera. Y, a su vez, advierte que esa desaceleración económica puede ejercer una presión adicional sobre la rentabilidad de los bancos españoles. «La revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento y de inflación y, como consecuencia, la intensificación de la expectativa de que los tipos de interés se van a mantener en niveles muy bajos, incluso negativos, durante más tiempo supondrá un reto notable para la recuperación de niveles de rentabilidad acordes con el coste de capital», avisa el supervisor bancario. Se trata de una claro mensaje a las entidades financieras, a las que el organismo recuerda en su informe que «en los últimos meses los mercados han reducido sus expectativas de crecimiento de los beneficios de las entidades bancarias». Prueba de ello es la baja cotización bursátil de los bancos europeos, incluidos los españoles, que continúan cotizando a precios por debajo de su valor en libros. «Una rentabilidad reducida dificulta la generación orgánica de capital», insiste el Banco de España, empeñado en las entidades del país sigan reforzando sus ratios de solvencia por su vienen mal dadas. Test de estrés: bancos resistentes En este sentido, el supervisor nacional ha sometido a los bancos españoles a un test de estrés para medir su capacidad de resitencia tanto al actual escenario macroeconómico como a uno adverso que contempla una hipotética recesión tanto este año como en 2020. Según concluye esa prueba de esfuerzo, las entidades españolas presentan a nivel adecuado una capacidad de resistencia adecuada ese escenario de crisis. En concreto, el Banco de España detalla que esa resiliencia ha mejorado respecto a 2018 gracias a que las entidades han continuado mejorando la calidad de sus balances. «A pesar de estos resultados, las entidades no deben relajarse en sus esfuerzos para elevar su nivel de solvencia», reitera el supervisor. Además, sin dar nombres, el Banco de España apunta a que la capacidad de resistencia, pese a que en general es buena, no la misma entidad por entidad. Las que mejor resisten ese escenario de recesión son los grandes bancos españoles con presencia internacional, que bajo los criterios de supervisión son el Santander, BBVA y el Sabadell. En su caso, el impacto de esa crisis mermaría la ratio de capital de máxima calidad cojunta de los tres bancos del 11,1% de 2018 al 10,7% en 2021. Aquellas entidades menos significativas, como las cajas rurales, tampoco sufrirían demasiado —su capital caería del 17,1% al 16,5%—, pues tienen menos riesgo de crédito y menor exposición al sector inmobiliario. Una hipotética crisis tendría mayor impacto en el grupo de las llamadas entidades medianas, que aunque el Banco de España no las cita lo componen Caixabank, Bankia y el grupo de bancos de las antiguas cajas, como Unicaja, Liberbank, Ibercaja, Kutxabank y Abanca. A nivel agregado, el conjunto de estas entidades verían mermada su solvencia en 2,7 puntos porcentuales en caso del escenario adverso, del 12,3% al 9,6%. Es precisamente en este grupo en el que los mercados prevén que en los próximos meses y años se produzca una nueva oleada de fusiones.

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