El autor de «Asesinos en serio» asegura que Ana Julia es un «monstruo disfrazado de persona normal»

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El escritor Blas Ruiz Grau, autor del libro «Asesinos en serio» (Oberón), afirma que el asesinato del niño Gabriel Cruz y «la crueldad, la frialdad» demostrada por su asesina, Ana Julia Quezada, demuestran que tiene, a su «modo de ver, un elevadísimo grado de psicopatía».

«Sólo hay que ver las contestaciones que dio en el juicio. Se deja ver cómo era su personalidad. Deja ver lo que es un psicópata. Es ese monstruo disfrazado de persona normal que intenta imitar las emociones para parecer una persona más, pero en realidad no lo son», ha manifestado el autor en una entrevista a Efe con motivo de la presentación de su obra en Almería.

Ha apuntado que, aunque no es una asesina en serie, «no todos los psicópatas lo son, si bien los asesinos en serie sí suelen ser psicópatas o psicóticos»: «En el caso de esta mujer, si tiene un cierto grado de psicopatía, ha sido evaluada y los expertos así lo han determinado», incide.

Sobre si hubiera podido actuar de esta forma en otras circunstancias, sostiene que es «muy difícil de saber». «Su manera de actuar no es la de una asesina en serie. Hay personas que han matado a dos o tres pero que tampoco tienen una serie de requisitos para serlo. Se hablar mucho de su pasado pero habría que estudiar muy a fondo el caso para poder decir algo sobre ella, no puedo aventurarme», dice.

Lista de asesinos

En su libro figuran asesinos como Ed Gein, Andrei Chikatilo, Edmund Kemper, Ted Bundy, Zodiac, Manuel Delgado Villegas el ‘Arropiero’ y muchos más. Considera que al investigar esta temática siempre surgen una serie de nombres «fijos» con un estereotipo de «asesino blanco, norteamericano, casi siempre, pero no es así».

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«Hay asesinos en serie de color, mujeres, en lugares donde no imaginas que existan. En Sudáfrica, en países asiáticos. Y te das cuenta de que el mal es global, que hay en todos los sitios», dice.

«Creo que, como le pasa a mucha gente, este tema me atrae porque, a nivel personal, pienso que todos tenemos un pequeño lado oscuro, lo que no quiere decir que seamos malos. A veces necesitamos explorarlo para satisfacer nuestra curiosidad. Mi forma de hacerlo es documentarme, investigar y escribir. Es cierto que hay otra gente que lo ha explotado de otra manera que relato en mi último libro, una barrera que nunca hay que traspasar», añade entre risas.

Entre los casos que más llaman su atención está el de Miyuki Ishikawa, una matrona japonesa que tras la II Guerra Mundial decidió «contribuir a su país, que pasaba por una situación de aislamiento y pobreza, impidiendo desarrollarse y tener una vida a neonatos». «Era un disfraz para satisfacer su psicopatía», apostilla.

Sobre el Arropiero, afirma que «rompe los esquemas del asesino en serie culto», y que tenía una «inteligencia práctica» que le permitía «satisfacer su ansia asesina» sin ser cazado. También destaca en España casos como los del Mataviejas y su «ego extremo» o el del Matamendigos, que «era un psicótico» con esquizofrenia que mataba de «un pedrazo en la cabeza» a quien lo contrariaba.

«Tenemos una historia negra tan interesante como la de EE.UU. y no la conocemos. Cuando no la conoces, estás condenado a repetirla, por lo que tenemos que tener cuidado con eso».

Sobre si un psicópata nace o se hace, el autor lo tiene claro, es una «cuestión de genética, de morfología del cerebro». «Tienen capacidad de empatía pero no saben gestionarla porque tienen el cerebro dañado. Hay una cultura de la violencia pero no es una fábrica de asesinos en serie y psicópatas. Si no naces predispuesto a serlo, no lo vas a ser», asevera.

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