El asesino múltiple que ganó un concurso de citas en televisión | Blog Crónica negra

Es 1978 y los decorados de televisión siguen mostrando flores, camisas de pico y tipografías psicodélicas como en el zénit de la época hippie. El concurso The Dating Game presume de veteranía en la parrilla de la ABC, donde ya lleva 13 años, y ha sido el primer programa diurno que la cadena estadounidense emite en color. La dinámica es sencilla: a una mujer que busca pareja le ofrecen tres candidatos solteros. Pero no los puede ver, solo hacerles preguntas, y a partir de sus respuestas escoger a uno de ellos. A los lectores españoles les recordará al programa Vivan los novios, una de las franquicias del formato que Telecinco emitió a principio de los años noventa.

Las reglas del juego establecen que les puede preguntar de todo menos su nombre, su edad, su profesión o su sueldo. A Cheryl Bradshaw, una profesora de teatro, no se le pasa por la cabeza preguntarle al candidato número uno, Rodney Alcalá, si es un violador asesino de mujeres. «¿Cuál es tu hora favorita?», le inquiere. «Por la noche», responde él. «¿Y qué problema tienes con las mañanas o las tardes?», insiste ella. “No hay problema, pero por la noche es cuando uno está realmente a punto”, replica él. Se oyen risas del público. El primer plano lo muestra con una sonrisa de oreja a oreja y una melena ondulada. 

Cheryl somete a sus pretendientes a otra prueba. Les pide a cada uno que interpreten a un personaje que ella les indica. A Rodney le toca “un viejo verde”. “Ven aquí”, le dice él, impostando una voz rijosa. (Se oyen más risas y aplausos).  Y llega la última prueba: ella les plantea que son una comida y que ella los va a servir de cena. “¿Qué comida sois y qué aspecto tenéis?”. Rodney Alcalá dice ser un “plátano” y que tiene un aspecto “estupendo”. (Risas del público). “¿Podrías ser más descriptivo?”, insiste ella. “¡Pélame!”, responde él. (Más risas).

El desparpajo de Rodney Alcalá conquista a Cheryl Bradshaw. Él es el elegido de la terna de candidatos. El presentador le vende a la concursante las maravillas de su elección: «Es paracaidista, tiene valor y le van las motos; además, es un fotógrafo estupendo. Saluda a Rodney Alcalá». El concursante rodea el muro y le planta un beso a Cheryl. Además de una cita, recibirán como premio unas lecciones de tenis y una visita a un parque de atracciones. La sonriente concursante, sin saberlo, acaba de apalabrar una cita con un asesino y violador, que no se producirá porque su comportamiento posterior la escama.

Muchos años después, uno de los dos contrincantes de Alcalá en el concurso, Jed Mills, lo describe  como un tipo “totalmente siniestro”, callado en general, pero cortante e impositivo cuando hablaban los demás. El testimonio de Mills se produjo cuando ya sabe que ha sido condenado por cinco asesinatos, entre ellos el de una adolescente. 

Pero cuando Rodney Alcalá participó en el programa, ya había acabado con la vida de una mujer, aunque la policía aún no lo había descubierto, y había pasado por prisión condenado por la violación y el intento de asesinato de una niña de solo ocho años. Este último fue su primer crimen. En 1968 en Los Ángeles un motorista lo había visto llevarse a la menor. Cuando la policía llegó a su apartamento la encontraron medio muerta. La había golpeado con una barra de acero. Él había huido. 

Alumno de Polanski

Alcalá había nacido en 1943 en Texas y era hijo de mexicanos. Pasó por el Ejército, pero fue expulsado por problemas mentales. En 1968, tras graduarse en Bellas Artes en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y haber intentado matar a la niña, se fue a Nueva York y se inscribió bajo un nombre simulado en la escuela de cine de la NYU. Uno de sus profesores era el director polaco Roman Polanski. Un año después, Polanski perdería a su mujer, Sharon Tate, asesinada brutalmente por «La Familia» de Charles Manson.

También en la costa este trabajó como profesor de arte en un campamento y consiguió seguir poniendo delante de su objetivo a varias mujeres con la excusa de que era un fotógrafo de moda.

En 1971 fue detenido por la violación e intento de asesinato de la niña de ocho años, pero a los dos años salió en libertad provisional y hasta el 74 anduvo de nuevo libre, hasta que fue arrestado por darle marihuana a una adolescente y volvió a prisión otros dos años. Ya estaba en los registros como delincuente sexual, pero aun así conseguía trabajos, como de tipógrafo en Los Ángeles Times. Su arresto definitivo llegó en 1979. El 2 de julio la policía descubrió el cuerpo semidescompuesto de una adolescente de 12 años, Robin Samsoe, y unos pendientes de ella en una consigna que había alquilado el asesino. La captó cuando iba en bicicleta a sus clases de ballet y después la asesinó.

Rodney Alcalá se ha venido librando durante cuatro décadas de la pena de muerte. La primera fue dictada contra él en 1980, pero se anuló porque un testigo clave en el proceso admitió que había cometido perjurio en otro juicio. En 1986 fue juzgado de nuevo y sentenciado otra vez a la pena capital, pero una apelación a un tribunal federal volvió a librarlo de este castigo porque entendió que el tribunal había impedido a la defensa presentar pruebas relevantes. En 2005 se presentaron nuevos cargos que lo vinculaban con tres muertes. 

En total, Rodney es legalmente responsable del asesinato de cuatro mujeres de 18, 21, 27 y 32 años. En 2010 el juez aceptó  la petición de pena de muerte para Rodney que había sugerido el jurado. Quedaban así juzgados un asesinato cometido en 1977, otro en 1978, después de aparecer en el programa de televisión, y otros dos, con poca diferencia de días, en junio del año siguiente.

Pero el asesino no ha pasado por el patíbulo, porque su ejecución, como la de más 700 presos en el corredor de la muerte, está en suspenso desde 2019 por la moratoria dictada por el gobernador de California.

Aquel mismo 2010 la policía quiso averiguar si el frío Alcalá había hecho de la suyas en otros casos archivados. Se publicaron 120 imágenes de mujeres tomadas por Alcalá, que habían encontrado 31 años antes en su apartamento de Los Ángeles y en una consigna de Seattle.

Unas 20 mujeres se identificaron con las retratadas. Una de ellas era Cynthia Libby. Una imagen suya le recordó un episodio ocurrido más de 30 años antes que aún le provocaba escalofríos. Alcalá la había recogido en su coche y la condujo hasta un barranco solitario del sur de California. “Podría hacerte lo que quisiera y no se enteraría nadie”, le dijo en aquel paraje.

Cynthia Libby tenía entonces 16 años; Rodney Alcalá, 36, pero le dijo a ella que tenía solo 24. “Era tan fácil confiar en él. Tenía una manera de hablarle a la gente que hacía que una se sintiera cómoda”, apuntó Libby a la revista People en 2010. Noches después, Cynthia se quedó plantada en su casa esperando a Rodney, con quien había concertado otra cita. Poco después, la madre de la joven le mostraba el periódico. Del plantón era responsable la policía, que lo había arrestado por el asesinato de una chica. Libby declaró a la revista People en 2010 que aún entonces, más de 30 años después de su encuentro con Rodney Alcalá, todavía le costaba creer lo que había pasado: “Todavía lo paso mal pensándolo. Podría haber sido una de esas chicas asesinadas”.

“Es un monstruo depredador. Cuando ves a todas esas jóvenes en posturas de vulnerabilidad con él [como a él le gustaba retratarlas], te temes lo peor”, apuntó el vicefiscal del condado de Orange, Matt Murphy, en un reportaje publicado hace una década.

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