El árbol y las nueces del yihadismo

De entre las innumerables amenazas que contiene la propaganda yihadista, hay algunas que generan una especial inquietud en la sociedad española. Se trata de aquellas promesas de implantar el dominio coactivo del islam sobre el territorio de la península ibérica. Los terroristas anhelan vengar la “herida sangrante” de la pérdida Al Andalus, fantasean con el momento en que los “apóstatas” y “cruzados” hayan sido expulsados y sometidos, y los musulmanes puros puedan volver a orar en el interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba o izar su estandarte en las torres La Alhambra de Granada. Estas alusiones no son meros recursos retóricos, por el contrario, tienen una enorme influencia a la hora de añadir un plus de legitimidad a la violencia contra los que se señala como ocupantes de una tierra arrebatada por la fuerza a sus legítimos dueños. Sin embargo, si algún día se materializase esa distopía totalitaria, no sería por el empuje de grupos como Al-Qaeda o Estado Islámico.

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