El actor que se sentó sobre su propia orina

Al actor británico Mark Lockyer le sorprendió, en el mejor momento de su carrera teatral -a mediados de los noventa trabajaba habitualmente con el National Theatre y la Royal Shakespeare Company-, un trastorno bipolar.

Su enfermedad mental le llevó al alcoholismo y a la drogadicción, y comenzó su cuesta abajo: lo perdió todo y se convirtió en un vagabundo. Se abandonó hasta el punto de no querer levantarse y sentarse sobre su propia orina. Intentó quemarse vivo e incendió la casa de su novia. Vivió en cárceles y centros psiquiátricos.

«Se había convertido en una ejecución diaria. -ha contado Lockyer-. Me resultaba insoportable actuar en el escenario, pero me proporcionaba una sensación de alivio. Las palabras de alguien distinto. Un disfraz. Estar rodeado de otras personas. Después de cada espectáculo, sufriendo ansiedad crónica, regresaba a mi piso sucio y bebía para escapar, sabiendo que en el fondo estaba colgando de la punta de mis dedos. Llegué a pensar que estaba poseído por el diablo».

Pero Mark Lockyer logró salir de este infierno y decidió contar su experiencia. «La gente no iba a creer una crisis mental tan grave si no lo contaba; quería desprenderme del estigma y que si alguien me juzgara lo hiciera conociendo mi realidad. Al principio lo hacía en casas, en los salones. No había texto porque lo conocía perfectamente. Así que me creé un guión en un papel, con tres actos y doce acontecimientos».

Ese es el germen de «Living with the lights on», el monólogo que, con dirección de Ramin Gray -«en realidad él y yo decidimos poner su nombre en el cartel, aunque el espectáculo no lo ha dirigido nadie», explica el actor-, se presenta en el Teatro Español del miércoles 7 al domingo 11 de noviembre. La función se ofrece en inglés con sobretítulos en español.

Al principio, los teatros le cerraron las puertas. «¡Todos!», dice enérgicamente y con un rastro de rencor en sus palabras. Hasta que en 2015 -llevaba ya tres lustros con el monólogo en su mochila- se cruzó Actors Touring Company y el director Ramin Gray y convirtieron la historia de Mark Lockyer en un espectáculo. Con las funciones del Español habrá alcanzado las ochenta. Sin embargo, asegura que cada día se sube al escenario con la misma motivación que tenía cuando creó este monólogo -que ahora ya tiene un texto fijado, y que podría interpretarlo cualquier actor o actriz, dice-. «La alegría de interpretar es igual que hace quince años, y el espectáculo sigue teniendo la misma frescura que el primer día».

«Es un espectáculo que se aleja del sentimentalismo -explica el actor-. Necesita toda mi concentración, mis habilidades, mi técnica interpretativa. No puedo dejarme llevar por los sentimientos». Sin embargo, asegura, al público no le pide otra cosa que lo contrario. «que sientan, que se dejen llevar. Lo que sientan no es asunto mío».

No importa que el sustrato de la obra sea terrible y relate el descenso a los infiernos de un ser humano. Lockyer asegura que está lleno de humor. «Soy una persona divertida; me río de mí mismo, de las cosas más terribles. Me presento como el único idiota. Es mi tragedia, y yo no considero que nadie sea mejor que nadie».

«Living with the lights on» («Vivir con las luces encendidas») es, dice su autor e intérprete, «una historia de esperanza. En mi terrible camino me encontré con gente que fue tan amable conmigo que me devolvió la fe en el ser humano. Yo soy un milagro, y eso hay que contarlo. Es mi deber. Psiquiatras que han venido a ver el espectáculo me han pedido que siga contando mi historia, porque demuestra que hay esperanza, que siempre es posible salir adelante. Yo he estado sentado sobre mi propia orina y ahora soy un hombre feliz».

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