Dos y medio | Televisión

El próximo jueves, en el canal Neox se emitirá el último capítulo de la última y definitiva temporada de Dos hombres y medio, una serie que durante doce años entretuvo a millones de espectadores en todo el mundo y en la que, además, con menor o mayor contundencia, se daba un buen repaso a todos los convencionalismos sociales y muy especialmente a los que se enraizan en el más vetusto puritano conservadurismo.

Hay dos etapas muy diferenciadas en los doce años de emisión de Dos hombres y medio: con Charlie Sheen de protagonista y sin Charlie Sheen de protagonista, sustituido por un Ashton Kutcher que, parece evidente, no pudo superar en nada a Sheen hasta el punto de que en el último, y doble, capítulo final la figura del simpático canalla compositor de jingles planea constantemente en la trama, es decir que resulta imprescindible cuatro años después de su hipotética muerte.

El problema de Sheen es que su vida real cada vez se parecía más a su vida de ficción: era borracho y faltón. Sus insultos al creador de la serie, Chuck Lorre, también responsable de The Big Bang Theory, llevaron a la CBS a prescindir de su protagonista. El problema de la serie es que su sustituto, Kutcher, cada vez se parece más a un mueble de gran tamaño y, por tanto, totalmente inexpresivo.

El declinar de la comedia desde los 13 millones largos de espectadores de media en EE.UU de la primera y larga etapa se ralentizó gracias a un plantel de espléndidos personajes y actores secundarios: Alan y Jack Harper (hermano y sobrino de Charlie); Rose, la vecina con una fijación enfermiza por Charlie; Berta, la asistenta doméstica y, sin duda, una lúcida y desgarrada Sancho Panza de Malibú, y Evelyn Harper, madre de Charlie y Alan, una especie de versión maternal de la mantis religiosa. Descansen todos en paz.

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