Dos años después, el «Salvator Mundi» continúa en paradero desconocido

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La misteriosa desaparición del «Salvator Mundi», el cuadro más caro de la historia, se ha vuelto todavía más clamorosa estos días, cuando se cumplen dos años desde que en noviembre de 2017 el príncipe Bader bin Abdullah bin Farhan al Saudí, actual ministro de cultura saudí, pagara por él casi 400 millones de eurosen una puja organizada por la casa Christie’s en Nueva York para entregárselo al príncipe heredero, Mohamed Bin Salman .

Poco después, se anunciaba a bombo y platillos que el «Salvator Mundi» iba a ser la estrella del Louvre de Abu Dabi en septiembre de 2018. No obstante, en la misma medida en que las voces que exponían dudas sobre la autoría del genio renacentista aumentaban, bajaban el volumen y la extensión de los sucesivos aplazamientos de su exhibición hasta llegar al mutismo total.

El mismo silencio absoluto sobre su paradero es el que ha presidido también las celebraciones del segundo aniversario del museo. «Esa es una pregunta que hay que hacer a la ciudad» contestaba Manuel Rabaté, director del Louvre del Abu Dabi, ante la cuestión de dónde está ahora el «Salvator Mundi».

Rabaté colocaba la pelota así sobre el tejado de las autoridades del emirato, ya que es el Departamento de Cultura y Turismo y no el museo el propietario oficial del cuadro. El organismo oficial no ha hecho ninguna declaración al respecto.

Mantener la ambigüedad

Las esperanzas de volver a ver la pieza estuvieron presentes hasta el mismo día de la inauguración de la gran exposición sobre Leonardo que inauguraba recientemente el Louvre en París con motivo de su quinientos aniversario. De hecho, en la visita para la prensa que se organizaba antes de la apertura de puertas, el museo dejó vacía la pared destinada al «Salvator Mundi» y en el catálogo oficial también existe un hueco para la referencia n.º 157.

A juicio de los especialistas, esta notoria omisión indicaría que las autoridades del museo han decidido mantener la ambigüedad en este texto oficial. El objetivo de la maniobra sería no frustrar un eventual cambio de opinión del gobierno saudí, que podría conceder el préstamoantes de que finalice la muestra el próximo mes de febrero.

No lo tienen fácil después de que aparecieran publicadas las sospechas que albergan varios de sus comisarios acerca de que no sea la mano de Leonardo la que de verdad está detrás del cuadro. Esas dudas serían las responsables de que la obra no apareciera en la exposición parisina como autógrafa de Leonardo, sino como pieza del taller del maestro renacentista.

«En caso de ser así, es muy improbable que el propietario lo preste, ya que el valor de la pintura caería hasta un millón y medio de dólares», presagiaba Ben Lewis, autor de «El último Leonardo», hace meses en The Guardian.

Toda una humillación para las autoridades saudíes que verían zozobrar así la enorme inversión realizada en el cuadro, por lo que preferirían mantenerlo oculto. El carísimo yate de Mohammed bin Salman ha sido de las pocas pistas que han aparecido acerca del paradero del «Salvator Mundi», junto a un misterioso almacén en un museo de Ginebra o en los fondos del propio Louvre de Abu Dabi.

Otra hipótesis que se baraja es la que aparecía en el medio especializado «Artnews». El príncipe desea que esta representación de Jesucristo con una mano en señal de bendición y la otra sosteniendo el mundo en forma de esfera de cristal sea la guinda que corone el proyecto cultural de Al-Ula, considerada la «Petra» saudí por sus ruinas de origen nabateo y que aspiran a convertir en un centro de turismo cultural mundial, dentro del plan de cambios puesto en marcha en el país por Bin Salman.

Sea cual sea el caso, tal y como afirmaba Lewis durante su estancia en el Hay Festival: «Si un cuadro no puede mostrarse resulta dañino para el mundo del arte. Es como si se hubiera vuelto el último prisionero político de Arabia Saudí».

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