Doble castigo para las árbitras

Pilar Landeira nunca hizo de su trabajo, árbitra de baloncesto, una reivindicación feminista. Bastaba con plantarse en la pista y hacer lo que había aprendido a hacer: decidir las jugadas conflictivas. Que fuera la primera mujer en llegar a pitar un partido de la ACB fue una consecuencia, no un fin en sí mismo. Sin embargo, para muchas otras mujeres fue una fuente de inspiración y un espejo en el que volcar las expectativas de futuro.

Muchas han seguido su camino, tanto en baloncesto, como en fútbol, o en cualquier deporte. Sin embargo, son muy conscientes de que todavía deberán soportar cientos de mensajes en su contra. Por su condición de árbitro, y por su condición de mujer. Un doble insulto que parte, en la mayoría de los casos, desde la grada, pero también, en ocasiones, desde los cuerpos técnicos o incluso de las directivas. «Nunca había tenido a dos mujeres de tres árbitros, creo que con una basta. Hubo momentos en que perdieron un poco los papeles, independientemente de que fueran hombres o mujeres, pero no había visto un partido de LEB con dos árbitros mujeres», sentenció Guillem Boscana, presidente del club Iberojet Palma. Un caso aislado en el mundo del baloncesto, pero uno muy «normalizado» en el fútbol, donde se suceden los incidentes cada fin de semana, en cualquier categoría.

El 1 de noviembre, se disputó el partido masculino San Cristóbal-Llagostero dirigido íntegramente por mujeres. A las descalificaciones propias de su condición de árbitras se unieron un sinfín de menosprecios machistas que empañaron un paso hacia la normalidad del deporte. Con el culmen de «¿quién se la cepilla del equipo? ¿Lo hacéis todos?».

«El insulto es más fácil»

«Recibes tantos insultos, y está tan normalizado que al final lo omito. Ha llegado a no afectarme, aunque sí que hay días más bajos en los que lo pasas peor», habla Sarai Dios, árbitra de fútbol del colegio vizcaíno. Afirma con rotundidad que la animadversión y las críticas se multiplican por dos cuando se trata de mujeres y que lo vive cuando comparte arbitraje con colegas masculinos. «No es que no respeten mis decisiones. Una falta es una falta, pero el insulto es incluso más fácil, te llaman de todo lo que llamarían a cualquiera y añaden lo de ir a fregar, lo de la cocina, no sirves para esto… La diferencia es clara. En un partido a mi compañero le dijeron que se dedicara a ser actor, que le iría mejor, y a mí me indicaron que me iría mejor siendo actriz… porno», apuntilla. No se salva ni en las categorías inferiores, en las que debería imperar el respeto y la educación al ser deporte formativo, ni en su labor como entrenadora. «Me tocó un árbitro que me amonestó, simplemente, por ser mujer. No me quitaba el ojo de encima y esperaba que saltara. Me dijo que no sonriese, le molestaba mi sonrisa porque yo no debería estar en ese puesto».

Habla por ella y por muchas compañeras, de toda la geografía nacional, que sienten en su piel este tipo de comentarios. «Aunque los entrenadores suelen cuidarse de insultar para no ser expulsados, sí que cuando los tienes que echar del campo por algo llegan a amenazarte. Te afecta porque no te puedes defender, representas al colegio arbitral y tienes que guardar las formas». Ni siquiera en la grada, viendo a sus compañeros árbitros, puede estar tranquila. «Intenté defender a un colega y se me encararon diciendo que si cobrábamos por arbitrar estaba en nuestro sueldo que nos pudieran insultar».

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El colegio vizcaíno trató de eliminar estos comportamientos con una tarjeta negra. A la segunda vez que se saca, el partido se suspende. Pero Sarai Dios no considera que se pueda atajar el problema ni a corto ni a medio plazo.

No obstante, hay deportes que se salvan de estos problemas. Alhambra Nievas ha sido durante mucho tiempo considerada la mejor árbitra (mujer u hombre) del mundo del rugby. Respetada en el campo y fuera de él. En el Mundial de Balonmano de Francia 2017, las hermanas Bonaventura arbitraron por primera vez un partido masculino del más alto nivel. No escucharon ningún grito machista desde la grada ni un solo desprecio por parte de los jugadores.

«No he vivido ninguna experiencia desagradable por ser mujer árbitro. Al principio se sorprendían un poco, e incluso los de seguridad no nos dejaron pasar porque no nos creyeron cuando les dijimos que éramos las árbitras, pero son anécdotas sin mala intención. El respeto que tenemos de los jugadores es máximo, y eso que cuando entramos a la pista ellos son muchísimo más altos que nosotras. Pero nos hacemos igual de grandes siendo buenas árbitras», explica Lorena García, capacitada para arbitrar la máxima categoría femenina y la segunda masculina de balonmano. «Quizá no ocurran esas cosas porque no somos un deporte mediático, pero también hay mucho trabajo nuestro, de hacer sentir al jugador que estamos pendientes de todos sus actos, de que estamos seguras de lo que vamos a pitar porque hemos aprendido muy bien. También ayuda la Federación, que nos apoya y crea proyectos para que sigamos creciendo en el arbitraje».

«En hockey, el que pita es el que tiene nivel. No se hace distinción de edades ni de sexos», habla Belén González, mánager de árbitros de la Federación española. Otro deporte en el que la calidad impera sobre el nombre. «Alguna vez se oyen cosas desde la grada, pero son por jugadas, no por quien pite. Sabemos que no vendemos tanto como otros deportes, pero también es cuestión de educación y no de importancia. El hockey no es dado a los gritos porque todavía choca más cuando se escuchan», prosigue.

El hockey, un ejemplo

Desde 2017 se creó en hockey un comité para fomentar la incorporación de la mujer al arbitraje, para seguir también las normas europeas porque se imponen multas si un país no tiene árbitras. En España, que puedan dirigir cualquier partido de las cuatro categorías hay unas veinte mujeres, pero González quiere más. Y que sean las mejores. Para que sean los clubes y las territoriales quienes lo tengan difícil para elegir. «Hemos llegado a tener dos árbitras olímpicas. Ahora está Gema Calderón que también es internacional. En el hockey se quiere al mejor árbitro, sea hombre o mujer».

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