Disminuye la atención y aumenta el estrés: el síndrome prevacacional también existe | Talento

Por si no era suficiente con el síndrome posvacacional y la dificultad para desconectar durante el periodo de descanso, sobre los trabajadores también sobrevuela un malestar físico y mental que se manifiesta justo antes de empezar las vacaciones. Durante esas semanas, muchos tienen que lidiar con sensaciones como la falta de atención, la dificultad para concentrarse y el aumento del estrés. Hay quien llama a este conjunto de síntomas síndrome prevacacional, pero los psicólogos insisten en que no se trata de ninguna patología.

Sentirse más estresado o ansioso antes de coger vacaciones es más habitual en personas que son muy perfeccionistas y tienen niveles de autoexigencia muy altos. “Lo que me he encontrado es que las personas que tienen una mayor tendencia a la previsión y al control tienden a tener más estrés en estos casos”, explica Dafne Cataluña, psicóloga y fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva. “Quienes tienden a ser perfeccionistas suelen tener niveles altos de rumiación, de pensamientos automáticos negativos. También suelen ser personas más inseguras que piensan qué cosas pueden salir mal”.

Sienten que no les va a dar tiempo a terminar todo lo que tienen pendiente antes de irse o que, al menos, no van a poder hacerlo tan bien como les gustaría. Estos síntomas se hacen más intensos inmediatamente antes de empezar las vacaciones que durante el resto del año. “Esta inquietud está relacionada con la ansiedad anticipatoria”, coincide Elisa Sánchez, psicóloga laboral. “Este llamado síndrome prevacacional tiene que ver con cómo afrontamos los cambios y cuánto nos cuesta dejar las cosas cerradas”, añade Sánchez.

“Hay estudios que indican que el 30% de las personas trabajadoras en España presentan este síndrome. Y yo creo que en el contexto actual posiblemente sea más. Así que es algo que hay que tener en cuenta: el coronavirus y la crisis económica lo pueden estar acentuando, yo lo veo en las peticiones de mis pacientes”, añade la psicóloga, que señala el agotamiento que arrastramos como uno de los agravantes. “Llevamos muchos meses sin vacaciones y con el confinamiento hemos tenido una sobrecarga de trabajo y preocupaciones”. La incertidumbre de este momento también es un hándicap para quien busca tenerlo todo bajo control.

Cultura empresarial

Además de los rasgos de personalidad o la forma de ser de cada uno, hay otros aspectos que también influyen en la aparición de estos síntomas. Uno de ellos es la cultura empresarial. En la psicología organizacional la orientación a resultados es una de las competencias más valoradas. “Por costumbre, le damos mucha importancia a los resultados y no tanto a cómo los obtenemos. Es más importante cumplir con los plazos aunque suponga a veces un gran coste mental o de salud”, explica Sánchez.

“También coincide que en algunas organizaciones se hacen mediciones del desempeño o del cumplimiento de objetivos justo antes de las vacaciones de verano o de fin de año”, añade. Es un momento crítico en el que tienes que “estar a la altura”. Así, la forma de ser y la cultura empresarial hacen que los trabajadores estén sometidos a una presión interna y otra externa que les lleva a sentir más estrés antes de sus semanas de descanso.

A la hora de gestionar esta situación, es importante distinguir entre ser responsable y cumplir los objetivos y una autoexigencia o un perfeccionismo excesivos. “Ser consciente de que estás activando la necesidad de controlar hasta el último detalle y de que es eso lo que hace aumentar tu estrés ya te puede ayudar a gestionar la situación”, explica Cataluña. “Intentemos normalizar o suavizar estos síntomas: suelen ser circunstanciales y están vinculados a momentos concretos, darse cuenta de ello ayuda”, coincide Sánchez.

Qué hacemos

Cuando hablamos de estrés solemos fijarnos solo en sus aspectos negativos, pero también cumple una función de activación: en su medida justa puede darnos energía para terminar las tareas. Es algo parecido lo que les pasa a quienes lo dejan todo para el último momento porque aseguran que funcionan mejor bajo presión. “En función de la interpretación que hacemos, esta activación de la persona por el estrés generará una experiencia de sufrimiento o no”, explica Cataluña.

Proponer unos objetivos más realistas e intentar no anticiparse a lo que va a ocurrir es otra de las recomendaciones. “Tampoco podemos hacer en estos 15 días todo lo que no hemos podido hacer en los últimos cuatro meses estando confinados”, cuenta Sánchez. “Es necesario ser conscientes, realistas y flexibles para adaptarnos al contexto actual”.

¿Tratamiento?

A diferencia del síndrome posvacacional, donde se dan síntomas también relacionados con la tristeza y la depresión, este malestar anterior a las vacaciones no suele ser motivo de consulta, según la experiencia de la psicóloga Dafne Cataluña. “A lo mejor alguien que ya está recibiendo ayuda profesional sí acaba tratando este tema porque la autoexigencia y la inseguridad nos afectan en muchas situaciones y momentos diferentes”.

Pero aunque el estrés y la falta de concentración pueden influir en el estado de ánimo y al bienestar de los trabajadores, no suele ser necesario hacer un tratamiento. Sin embargo, Cataluña recuerda que “la psicología no está solo para tratar el malestar psicológico, también está para maximizar el bienestar”. Cuando se tiene tendencia al perfeccionismo, aunque no sea una enfermedad, las personas suelen sufrir. “No hace falta que se convierta en un problema grave para tratarlo”.

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