Día de la Salud Mental: La enfermedad mental: el enemigo invisible | Blog Sesenta y tantos

El otro día desayunaba con mi amigo Antonio. Me contaba con gran emoción la historia de una amiga que, como muchas otras personas, había perdido a su padre durante el confinamiento. En este caso, al ser ella médico, había tenido la gran suerte de poder despedirse de él, que llevaba enfermo muchos años, pues tenía alzhéimer. Cuando llegó a la habitación, el padre estaba intubado, por lo que no podía hablar, y tampoco podía abrir los ojos. Apenas le quedaban unos minutos de vida. Se acercó a su padre, le cogió la mano y le dijo: “Papá, soy yo, si puedes oírme, apriétame la mano”. El padre le apretó la mano y ella entonces le preguntó si estaba sufriendo, el padre no movió un ápice. Ella le preguntó si la quería y él apretó y volvió a apretar la mano hasta que no pudo más.

Como diría mi padre, los padres son padres hasta en el momento de su muerte. A pesar del sufrimiento más que evidente, supo transmitirle calma y amor a su hija, que nunca olvidará la entereza con la que este ser tan querido se despidió de su vida. Dicen que la historia se sustenta en grandes batallas y que estas se ganan por pequeñas acciones. Sin duda, esta lo es.

Lo más extraordinario del caso es que el padre tenía alzhéimer y que fue capaz de ganarle una batalla en el último momento por y para su hija. Los que de una manera u otra nos enfrentamos a la enfermedad mental sabemos lo complicado que es y el gran valor que tiene para los que le rodean. Mi hijo mayor no tiene alzhéimer, tiene otra enfermedad degenerativa que le ha hecho dejar de hablar, y ha perdido muchas otras cosas. Daría lo impagable porque volviera a mirarme y decirme “papá, te quiero” como cuando era pequeño. Por lo que puedo imaginarme la sensación que pudo tener la médico al sentir que su padre la reconocía y le decía “te quiero” por última vez, aunque fuera a través de un apretón de manos.

Vivimos momentos complicados, todos y cada uno de nosotros hemos tenido que enfrentarnos a una situación totalmente desconocida, nunca vivida por nuestra generación. En mayor o menor medida ha resultado ser un reto para todos nosotros saber mantener la calma y aprender a vivir con serenidad lo que nos acontecía. Lo que puede ayudar a que, por primera vez, un mayor número de personas entiendan y se conciencien del sufrimiento que viven las personas con enfermedades mentales, que les hacen vivir todos los días de su vida en una pandemia.

Esta incertidumbre del presente y del futuro para muchas personas se convierte en una serpiente que las envuelve y aprieta hasta que acaba asfixiándolas. Saber desprenderse de esa serpiente y disfrutar de nuevo de la vida puede resultar una tarea imposible.

Este sábado 10 de octubre, se conmemora a nivel mundial el Día de la Salud Mental. En España, un 10% de la población mayor de 15 años declara tener algún problema de salud mental (Encuesta Nacional de Salud 2017) y el 27% de los adultos de la UE han experimentado algún trastorno mental a lo largo de su vida (OMS, 2017).

Este año más que nunca debemos darnos cuenta de la importancia que tiene para todos cuidar esa salud mental, que es la más importante de todas, y concienciarnos del sufrimiento ajeno para que ello derive en recursos y políticas más acordes para ayudar en la lucha en la que se ven inmersas estas personas y sus familiares.

La mente controla el funcionamiento de nuestro cuerpo. A través de ella disfrutamos de las cosas pequeñas y grandes de la vida. La mayor de nuestras aventuras, la imaginación, parte de ella y sin ella el sol deja de brillar. No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero en esta ocasión puede que, si perdemos la salud mental, ya sea demasiado tarde, incluso para darse cuenta de la pérdida.

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