Detenido en Miranda de Ebro por almacenar explosivos caseros capaces de hacer volar tres pisos de un edificio | España

El polvorín tenía la capacidad de destruir tres pisos completos en caso de explosión accidental o voluntaria. Así lo asegura la Guardia Civil, que ha detenido a su poseedor, R.L.R., en la llamada Operación Tangerina. El instituto armado se encontró en la casa, en la céntrica calle del Condado de Treviño de Miranda de Ebro (Burgos), con la mayor cantidad de explosivos jamás hallada en España fuera de operaciones terroristas, según la institución. El hombre, de 43 años, había instalado un taller de fabricación de explosivos en el garaje de su vivienda y allí manipulaba sustancias químicas y armas que compraba inutilizadas a través de Internet para después readaptarlas y hacer posible un eventual uso. Alguno de los artículos incautados son armas de guerra por su capacidad para hacer fuego automático y ametrallar con ellas. La reactivación es ilegal.  

El capitán de la Guardia Civil Fernando Castellanos cataloga al individuo de «autodidacta» y ajeno a grupos terroristas o violentos. Las instituciones europeas, afirma Castellanos, comenzaron a seguir el rastro de armas vendidas desde Eslovaquia hace ya tres años, tras los atentados yihadistas en París que causaron 137 muertos. Los terroristas adquirieron en el país del este de Europa antiguo armamento bélico desactivado y lo habilitaron para que fuese posible disparar proyectiles. Este mismo método siguió el detenido, cuyo rastro condujo a la intervención de la Guardia Civil. 

Los agentes se sorprendieron cuando vieron una «significativa» cantidad de explosivos, a los que Castellanos define como «improvisados y caseros». Los 17 artefactos caseros de estas características, entre los que había cinco granadas de mano, estaban acompañados por 26 armas de fuego, una cifra no tan extraña en este tipo de operaciones, un chaleco antibalas y casi 3.000 cartuchos de distinto tipo, así como metralla variada. La Guardia Civil sabía que fabricaba estos artefactos, pero no en semejantes cantidades. Todo el armamento, preparado en el taller clandestino, estaba listo para ser utilizado y suponía un grave riesgo, especialmente al tratarse de una vivienda en un bloque residencial. «Lo habitual es que estas personas manipulen armas en casas de campo, por mera cuestión de seguridad», ha detallado el capitán, que ha precisado el alcance que podría tener una explosión de este tipo. 

El detenido residía con sus padres y no se resistió cuando las autoridades lo aprehendieron cuando salía de su trabajo en una siderurgia local. Sus familiares sabían que R.L.R. tenía esta peligrosa afición, pero no consiguieron que desistiera. La Guardia Civil ha informado de que se han incautado de más de 30 kilos de sustancias químicas precursoras de explosivos junto a material de laboratorio que el hombre empleaba para fabricar los compuestos que integraban su arsenal. «Era como si jugara con juegos de química», subraya Castellanos. El capitán de la Guardia Civil precisa que había armas con hasta 1,5 kilos de sustancias explosivas y que la onda expansiva resultante de una posible activación o accidente sería «destructora». Del detenido no consta la pertenencia a ninguna asociación radical o violenta. «No tiene vínculos con ningún colectivo», ha añadido.

El acusado se enfrenta a entre ocho y diez años de prisión por tráfico de armas y posesión de este polvorín. La Guardia Civil ha notificado que en los últimos cinco años el Servicio de Información ha efectuado múltiples operaciones contra redes de tráfico de armas con el resultado de 336 personas detenidas, más de 3.534 armas de fuego incautadas (muchas de ellas de guerra) y 386.427 cartuchos metálicos intervenidos.

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