Desescalada emocional y sexual | Blog Mordiscos y tacones

Una de las cosas de este confinamiento es que no nos ha quedado otra que repasar nuestra situación personal, aunque fuera a solas, en la intimidad de nuestras reflexiones intentando conciliar el sueño. La presión psicológica ha sido, así en general, demoledora. La incertidumbre genera ansiedad, apatía y miedo. Y el exceso de información y desinformación no ayuda tampoco demasiado. Los psicólogos estudian desde el principio de la pandemia cómo influye en nuestras cabezas. Y las estrategias de cada uno determinarán que podamos salir de esta. Se trata de cambiar nuestra vida. Nuestra manera de relacionarnos, de salir, de ligar y, por supuesto, de tener sexo. Los hay, también, muy pesimistas al respecto. Después de que no hayamos sido capaces de parar la propagación del virus del papiloma humano (VPH), para lo que solo hacen falta profilácticos, dudamos de que se cuiden las medidas higiénico sanitarias pertinentes.

Dicen que el ser humano es un animal de costumbres y así es. Fue en la Universidad de Boston (Estados Unidos) donde en el año 2008 estudiaron los movimientos y costumbres del ser humano para constatar que nos limitamos a ir y volver de un reducido número de lugares. El estudio se llevó a cabo controlando los dispositivos móviles de mil personas que demostraron que ceñían sus movimientos a un patrón repetitivo. Gustamos de ir siempre a los mismos bares, comprar en las mismas tiendas, pasear por las mismas calles. Todos esos comportamientos hablan de nuestros intereses personales y de la necesidad por sentirnos mínimamente protegidos. Regresamos a los lugares en los que nos sentimos bien y donde sabemos que no corremos ningún peligro. En nuestras relaciones personales debería primar el mismo criterio. Pero no siempre es así. No deberíamos meternos en las camas en las que nos dan tormento. Y una epidemia nos obligó a estar en un único sitio y con las personas que nos tocara. Gracias a los vecinos que denuncian a maltratadores se salvan vidas.

Cualquier pareja ha sufrido las consecuencias de esta situación. «El confinamiento nos ha puesto en una situación que jamás habíamos vivido», explica Marta Ibáñez, psicosexóloga especialista en terapia de parejas. «Ninguno de nosotros habría podido imaginar cómo actuar en esta situación; si eso pasa con nosotros mismos, imagina con la persona que tenemos al lado». Esta es la base del argumento: la novedad de la situación. Y que afecta a todos por igual. Sin embargo, las reacciones que tenemos no son todas tan reales: son respuestas ante una situación anómala, el confinamiento. Y esto debemos tenerlo en cuenta: «No hemos descubierto situaciones reales de nuestra pareja. Son las reacciones de esa persona ante una situación anómala (la pandemia) las que descubrimos. Puede que esa faceta no aparezca nunca más. Que no volvamos a vivirlo y, por tanto, no reaccionemos así nunca más. Estamos en una situación anómala. No deberíamos tomar decisiones precipitadas ni sacar conclusiones y esto es extensible, también, con las amistades, no solo con las parejas», puntualiza.

Tampoco podemos echarle la culpa al empedrao, ojo. Según Marta Ibáñez, la mayoría de relaciones de largo recorrido que, después del confinamiento, se separen, ya arrastraban tras de sí la carencia afectiva. Estar encerrados, simplemente, hizo que no pudieran escapar. «En China ha habido un aumento en las demandas de divorcio que, muchas no se han ratificado. Ellos mismos las han retirado. Una vez que se vuelve a la normalidad, queremos seguir como estábamos en todos los sentidos.» Uno de los memes que más circulan desde que empezamos con esto señala que el coronavirus ha conseguido, por primera vez, que sean los casados los que más sexo tienen. Porque lo que nos va a dar pánico va a ser meternos en la cama con desconocidos. Tu pareja, con la que te has comido esta, es también tu mejor opción sexual.

Y¿qué pasa con las parejas que han pasado el cofinamiento separados? Que tendrán todas las papeletas de ser los que tienten a la suerte. Después de setenta días de sexteo a ver quién aguanta sin tocarse con tanto deseo explícito. El sexo con mascarillas no dura ni dos empujones. Sabemos que mejor vía vaginal y que nos olvidamos del sexo oral. Será prácticamente imposible tener sexo, como lo concebimos, sin saltarse las normas. Cierto es que habrá menos riesgo si las caras no se miran de frente. Sí, si nos resoplan en la nuca. (Los memes me brotan solos) Ahora mismo no existe aún un sexo más profiláctico que el sexo gomoso. Ese que se basa en las caricias más absolutas, embutidos en trajes de látex.

Que el tema orgías, ya les digo, se complica.

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!