Depresión, la lesión invisible del fútbol

Es martes, 10 de noviembre de 2009. Robert Enke, guardameta en ese momento del Hannover 96, avisa a Teresa que tiene doble sesión de trabajo. Por la mañana, con el preparador físico, y por la tarde con el entrenador de porteros. Sobre las 18.00 horas volverá a casa, aunque antes, a mediodía, ambos conversan por teléfono. Será la última vez. La mujer de Enke vuelve a marcar el número de su marido a las 15.00, pero el móvil del portero alemán no da señal. Robert lo había apagado. Ahí es cuando Teresa empieza a sospechar. Su llamada al entrenador de porteros, la alarma del todo: «Hoy no hay entrenamiento». Teresa acude el cementerio donde está enterrada Lara, la primera hija de ambos, fallecida a los dos años víctima de un problema en el corazón. Tenía la esperanza de encontrarlo allí, pero lo único que escuchó fue las sirenas de los coches de policía y ambulancias dirigiéndose a las vías del tren regional que circulaba hasta Bremen. Allí, a media tarde, y con solo 32 años, Robert Enke se quitó la vida tras toda una carrera luchando en silencio contra la depresión. Volverse loco «Si pudieras entrar en mi cabeza sólo durante media hora, entenderías por qué me estoy volviendo loco», le decía Enke a su mujer cuando la enfermedad hacía más mella en Robert. «Es habitual en las personas que sufren depresión y no reciben tratamiento a tiempo, la aparición de tendencias suicidas a la par que tienen una lucha interna consigo mismos. Y cuando ya han tomado la decisión de morir, se muestran tranquilos porque por fin han dejado de luchar», detalla Valentin Makser, el psiquiatra de Robert, en «Una vida demasiado corta», el libro de Ronald Reng, escritor y amigo de Enke, que cuenta la tragedia del portero alemán del que hoy se cumplen diez años de su muerte. La depresión es el trastorno mental más frecuente. Alrededor de un quince por ciento de la población mundial padece esta enfermedad, y el fútbol no es una excepción. El error es el miedo a contar un problema que no se ve, que no es palpable ni se soluciona en un quirófano o con un fisioterapeuta. El miedo en el mundo del fútbol de élite a confesar de manera pública que sufres depresión es lo que llevó a Robert Enke a agravar una enfermedad con demasiados prejuicios, tan graves o más como la propia enfermedad: «Decir que tienes depresión te hacía una persona y un futbolista débil, pero encerrarte y esconder la enfermedad era mucho más dañino todavía», explica a este periódico Ronald Reng. «La tradición machista del fútbol ha hecho que durante muchos años las enfermedades relacionadas con la salud mental hayan sido vistas como un síntoma de debilidad. Se estigmatizó y se necesitaba mucho valor para confesar el problema», cuenta a ABC Vincent Gouttebarge, exfutbolista francés y actual jefe médico de FIFPro, la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales: «En el fútbol, el tanto por ciento de jugadores que sufren depresión es aún mayor. Por suerte, la salud mental es hoy una prioridad entre los clubes». Tras la muerte del germano, nació la Fundación Robert Enke, dirigida por su mujer Teresa, dedicada a la investigación de la depresión y de afecciones cardíacas en la infancia. En ella colabora Ronald Reng, con iniciativas que están transformado el mundo del fútbol: «Después de la muerte de Enke sentía que teníamos que explicar qué es la depresión. Y lo hago junto a Martin Amedick, un futbolista muy famoso en Alemania que también sufrió esta enfermedad y logró curarse tras recibir tratamiento. Llevamos tres años viajando por centros de formación de clubes alemanes para explicar a los jóvenes futbolistas qué es la depresión ya que mucha gente tiene un entendimiento bastante vago de la enfermedad. En 2015 hicimos un estudio y el veinte por ciento de la gente que participó contestó que la depresión se solucionaba con buena voluntad y comiendo chocolate. Y no. Necesita ser tratada por especialistas. Y no hay que avergonzarse por ello». «Muerto en el Barcelona» Enke formó parte del Barcelona en la temporada 2002-2003. Fichado como portero estrella tras unos años muy buenos en el Benfica, no asimiló que Van Gaal eligiera al entonces canterano Víctor Valdés como titular. Ahí sufrió su primera gran crisis: «Ya me sentía muerto en Barcelona», le confesaba Robert a Teresa, que en ocasiones regresaba a casa de su trabajo en Manresa y se encontraba con las persianas bajadas: «Las personas que sufren depresión buscan la oscuridad porque tienen miedo a la vida», explica Valentin Makser, que antes que psiquiatra fue un afamado jugador croata de balonmano. El caso de Robert Enke conmocionó el fútbol alemán y mundial, y desde aquel fatídico martes otoñal de 2009 mucho ha cambiado el tratamiento mediático de un problema tan grave como la depresión. Futbolistas tan famosos como Iniesta, Morata, Valdés o Buffon han confesado de manera pública que necesitaron tratamiento para ser curados: «Es como romperte los ligamentos cruzados. Si no te curas, es imposible salir. En Alemania hay ya una red de más de sesenta psiquiatras especializados en deportistas», señala Reng. «La depresión no es visible, como una lesión muscular, por ejemplo. Por eso es tan importante que un futbolista lo diga y sea tratado», explica Gouttebarge. «Enke hubiera sido el primer futbolista de la historia en hacer público que sufría depresión», recuerda su familia. No lo hizo, pero su muerte sí le puso luz a la lesión invisible del fútbol.

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